6/5/2009 11:15 am
Last Read: 6/5/2009 11:37 am
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¿Mujeres histéricas o históricas? Pareciera ser que todo en nuestro mundo está llegando a un punto decisivo de angustia y desesperación; la explosiva resolución de la naturaleza humana nos está cobrando a nosotras las mujeres, un precio muy alto, una factura con saldos muy elevados, muy costosos que en la mayoría de los casos, algunas damas ya no están dispuestas a pagar, especialmente en materia de sentimientos y emociones mal entendidas y mal canalizadas, con resultados muy tristes, lamentables y catastróficos.
Y la verdad amigas queridas es que no resulta nada fácil subirnos al ring de la existencia femenina solamente como espectadoras, siempre somos nosotras las mujeres las que nos llevamos la peor parte, y algunas hasta piden esquina y gritan, se desgarran, patalean en medio de grandes crisis emocionales: "POR FAVOR, PAREN AL MUNDO QUE ME QUIERO BAJAR", y se quieren bajar del mundo para no salir completamente noqueadas o encerradas como locas en su cárcel de frustraciones y fracasos.
Otras mujeres hasta se sienten anticipadamente vencidas por sí mismas antes de luchar, atrapadas, tragadas por el cotidiano vivir mecanicista en el que han perdido miserablemente su precioso y valioso tiempo, su sentido, su rumbo y su sintonía con la vida. Se sienten devastadas por su propio desaliento, enajenadas en su mundo de lamentos y confusión; lo sienten como un verdadero callejón sin salida, buscan afanosamente una puerta de escape, o de emergencia para salir corriendo, pero en el intento por arañar pisos y paredes de su aleteo agonizante, se sienten aún más agobiadas y extraviadas en el bosque de su pobre vida.
¡Por Dios, mujeres bellas!… ¿Qué nos está pasando? ¿Qué no somos acaso, reinas de la naturaleza misma?
Pero no; algunas mujeres no se sienten reinas, sino víctimas del escorial, convertidas en meras mofas humanas con ojos insensibles, rumiando sus propios dolores, lamiendo como fieras sus viejas heridas sentimentales, causándose y causando lástima y encima propagándola por todo su entorno.
Se quejan estas mujeres de noche y de día de todo y por todo, argumentando ilusamente: "Es que yo ya no puedo cambiar", "Es que yo ya soy así", "Es que mi esposo es alcohólico", "Es que me dice que soy una vieja histérica", "Es que hasta me dice que soy menopáusica", "Es que me engañaron", "Es que me traicionaron", "Es que me dejaron", "Es que se burlaron de mí", "Es que estoy enferma", "Es que soy muy pobre", "Es que soy muy torpe", "Es que soy muy gordita o muy flaquita", "Es que no tengo suerte", etc.
¡Heeeyyy… Momentito… Alto; quietas todas allí! ¿Cómo se llama todo éso?
Todo eso se llama: Pretextos, excusas, más excusas y más pretextos cada día… ¡Entendámoslo aquí y ahora porfa de una santa y buena vez!
¿Qué nos duele a las mujeres que nos llamen histéricas?… ¡Sí; nos duele mucho! ¿Pero se han puesto a pensar por qué nos hemos ganado con tanto éxito ese tristemente célebre galardón? ¡Por ingenuas, pero no por mulas! (Perdón que lo tenga que decir así)
La mujer no es histérica sino histórica mis amigas queridas. La histeria viene después de la historia. Nosotras las mujeres somos tan, pero tan audaces y tenaces que nos empeñamos en ir guardando todas las penas, tristezas y dolores en el alma… ¡Hasta que reventamos como palomitas de maíz!
Obvio…¡Nos llaman: Histéricas!. Qué fácil; pero qué fácil les resulta a algunos señores (hay excepciones), colocarnos en el cuello esa preciosa etiquetita rara ¿no?, Pero… ¿Conocen acaso esos hombres el verdadero motivo, circunstancia, causa o razón de que las mujeres adoptemos a veces conciente o inconcientemente tan grande canasta de sufrimientos, pesares y lágrimas en el alma?
¿En nombre de qué, o de quién… ¡Dios Santo!, se sienten con derechos de juzgar y hasta de condenar tan severa y duramente al corazón de la mujer?
–No lo entiendo-
¿Será que las mujeres somos tan tontas o tan brutas (vuelvo a pedir perdón por hablarlo así), como para no poder entender que el corazón de la mujer jamás ha estado, ni estará jamás a discusión?
El corazón de la mujer amigas queridas (histérico o histórico), no es una máquina o una caja de circuitos, silicones y alambres. El corazón de la mujer es el centro mismo donde Dios toma sus decisiones de vida. Pero si el "hombre" no puede, o no quiere entenderlo de esta manera, ¡Está frito!, ¿Qué más podemos esperar de él?
Y sintiéndolo mucho con el corazón abrazado del alma, pero con esas actitudes prepotentes, burdas, prosaicas y soeces del macho incompetente, inmaduro e irresponsable, altanero y grosero, a nosotras las mujeres se nos coloca en la dulce posición de tener que expresar con mucha ternura, delicadeza y agradecimiento: "Lo siento mucho querido, pero tus derechos terminan, donde los míos comienzan, te guste o no".
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