4/17/2008 5:36 pm
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El predicador
Una voz celestial caló en mi corazón como una cortina de llanto al alma el viento de dulces ensueños eternos modelando inexistentes historias.
Sumergida en la bóveda azul del cuerpo los aires rompieron la armonía etérea con la tenue sonrisa del no encuentro y la plenitud en mi piel lila desnuda.
Destino incierto, aterrizajes forzosos banderolas que flamean sin medidas por beber la sangre de Adán bendito en una pasión sin candor ni finito.
Vuelan los vientos del calendario ansiando el furtivo encuentro celeste en una purpúrea y borrascosa noche harta de los te amo en el silencio.
Malditos besos fornicadores, inicuos brazos, besos, que se roban traicioneros perversa promesa de tu vuelo hacía mí sueño ridículo que será mí frenesí.
Ventana hecha madera incierta que tiembla mis labios al soñar mi boca que se quema en el infierno en que no piensa el intelecto.
Proliferas sensaciones, torbellinos preguntas que agobien las promesas en torrentes de deseos enfebrecidos que rugen en el aire de mis orbitas.
Cuando las alas se abren impacientes y el alma desgarrada de las ausencias te quiere, te ama, te necesita implacable en mi cuerpo, en mi cerebro, completo.
Muerto de mi placer, entre mis brazos tu nave anclada en el cuerpo del mar apartando las olas del viento desolado que me corroe el pensamiento nocturno.
Deleite intenso enfundando la tibieza de mi ser cándido entregado a tu deseo mis húmedos pétalos rosados…tuyos secados con tus labios de terciopelo.
Y cada lágrima derramándose sola como perla bañada en ardiente plata y ciegos sin pensar en las orillas morir en la arena en el brazo del placer.
Deleite intenso de mis flores en llama secados por la lágrima de tus labios. Y en la voz del silencio de la entraña ir recibiendo tu brillante tallo de jade
Pronunciar tu nombre de poesía loca como un peso dulce dentro del cuerpo y un millón de te amo entre los brazos de los sueños reales y tan lejanos.
Bocas de fuego que arden y se inflaman cuerpo que recibe al lanzón de roca tragado completo sin tregua ni mentira sembrado en la húmeda tierra rosada.
Apodérate santurrón de cada parcela con absoluta rigidez, que harte de dolor que me acaricia el corazón sin miedos cerrando los vacíos con fiebre salvaje.
Mata mis miedos sacristán de mi sueño con la pepa ardiente que saboreo en el oscuro precipicio de la santidad embarrada en el crudo y humano deseo.
Ansias secretas que me hacen tan tuya en los surcos milenarios de la lujuria que tú atesores para siempre el placer que acallan tus tristes y nulas reflexiones.
Sin remordimientos haz el amor mil rezos haz de hoy las sombras de los recuerdos, un espejismo, un milagro bébete las gotas sediento de mi amor borrate los rezos.
Arco de carne sagrada fueron los montes y tú el varón que los bañaba loco todas la eternidad con la sangre de las entrañas. Trágate la oblea de entre las blancas alas.
JEM WONG. 19.02.2005
De mis manos brotarán amapolas rojas como la sangre JEM WONG
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