8/20/2009 11:49 am
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Tener 20 años en la década prodigiosa significaba, al menos para mí, tener libros, discos y muchas ganas de viajar. Dos amigos, dos mochilas y el deseo de llegar al sol de medianoche allá por el Cabo Norte. Sin mucho dinero. Era verano, mucho calor, como ahora, y el pensamiento lineal de que si en el mediterráneo no hacía frío no lo haría en ningún sitio y que además el sitio que ocuparía la ropa en la mochila sería a costa de las latas de fabada asturiana que nos tenían que alimentar. Primera parada en Tours. Hacía cinco años yo había conocido a una muchacha francesa en Blois en una de esas noches en que las chicas deciden echar una fiesta palante lejos de sus papás. Sólo fue una noche, ella volvía a su casa y yo seguía camino de Londres para ver la casa del Shakespeare ese, pero me dio su dirección y me arrancó la promesa de que si iba alguna vez a Tours pasaría a verla. Promesas que se piden en el fragor de la batalla y que se hacen en el mismo fragor. Pero mi amigo y yo nos presentamos en su casa cinco años después de aquel evento y fuimos recibidos con mucho más calor del que debíamos suponer. Así que a la pregunta de ¿os quedáis a comer? Respondía “y a cenar, y a dormir, y ….” Cuatro días después (era jueves) el papá nos preguntó “¿cuándo siguen su viaje a Cabo Norte?” a lo que respondí muy serio “el lunes después de comer, pero con mucha pena por tener que dejarles” Aquella noche mi amigo me dijo “París es cosa mía”, pero como su cosa era una chica casada sólo nos dio tres días de sustento y abrigo mientras, además, llovía sobre nuestros pantalones cortos y nuestras sandalias. A partir de ahí todo fue ya camping, tienda de campaña y la comida que nos podíamos arreglar por el camino. Francia, Bélgica, Alemania, el Saint Pauli prohibido de Hamburgo y el frío junto a la necesidad de pagar para tener agua caliente en la ducha, lo que se traducía en dos de agua fría y una de caliente. Ninguna diosa nos alojó en su casa y salvo una tienda o dos (de campaña) que compartimos nada de reseñar (yo tengo fabada, tu tienes salchicha, compramos una big cocacola y listos) No es este un escrito de viajes, así que no me recreo en las maravillas que encontramos por ahí (catedrales góticas, canales navegables, calles cerradas a los niños, tiendas porno inexistentes en España y muchos libros y discos prohibidos en nuestra tierra) pero sí que dejaré la sorpresa y admiración que nos produjo Copenhague y que guardamos en el recuerdo. Y una anécdota en el camping. Allí estaba escrito el horario en danés, inglés y francés. El castellano no existía para ellos. Pero en todos los idiomas, de 1 a 3 de la tarde, todo ruido estaba prohibido: era la hora de la siesta en castellano. Había pasado más de un mes cuando llegamos a Upsala. En la Universidad había un Congreso de Química y nos metimos mal vestidos hasta que nos echaron pero aquí viene la anécdota del blog. El agua caliente era gratis en el camping. Ni abrimos las mochilas. Cogimos el gel y la toalla y allá que nos fuimos. Las duchas eran unisex y no tenían puertas, (nosotros éramos un par de muchachos reprimidos en la católica España) y cuando vimos a todas aquellas mujeres nórdicas y rubias desnudas creímos haber llegado al Paraíso. PERO (siempre hay un pero) los hombres rubios y nórdicos también estaban desnudos y lo que les colgaba del arco triunfal era un badajo de campana milenaria. Los miramos, nos miramos, echamos una última mirada a las diosas y volvimos a nuestra tienda hasta que ya de noche, como dos furtivos, nos pudimos duchar. Cuando tres semanas más tarde volvimos a casa recuperamos nuestras costumbres. Y el primer día que fuimos a nuestro club de tenis, al ducharnos, como dos mirones homosexuales íbamos comparando tamaños para comprobar que allí por lo menos, éramos normales.
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942 posts 8/21/2009 8:06 pm |
jajajaja...ciò che conta non è la dimensione... ma le buone funzionamento è essenziale
Gianhelle
profesorpoeta replies on 8/22/2009 3:42 pm: de verdad? yo pensaba que a los hombres nos gustaba muy grande y las mujeres enloquecían entonces... seré ignorante! |
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