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HISTORIAS PARA REFLEXIONAR...  

marian7448
1/7/2009 12:09 pm
VIVIENDO EL PRESENTE

Hoy te cuento un cuentito.... de un pescador que bajaba cada noche a la playa para tirar su red...
Nuestro amigo sabía que los peces se acercan a la orilla cuando sale el sol, por eso siempre colocaba su red antes del amanecer.

En esta noche que te cuento, como hacía siempre, con los pies desnudos y la red medio extendida se mete en el agua, cuando siente que su pie golpea contra algo muy duro en el fondo.
Toquetea y descubre que se trata de una bolsa con algo parecido a unas piedras en su interior.
Y piensa ‘quien es el loco que tira estas cosas en la playa?’. Y se corrige ‘en mi playa!!’.
‘Y encima yo soy tan distraido que cada vez que entre me tropezaré de nuevo…’
Así que deja de tender la red, se agacha, agarra la bolsa y la saca del agua .
Está todo muy oscuro, y quizás por eso, cuando vuelve de nuevo a su labor se lleva por delante otra vez la bolsa con las piedras que estaba ahora sobre la arena.
Así que cabreado saca su cuchillo y abre la bolsa y tantea. Hay unas cuantas piedras del tamaño de pequeños pomelos pesados y redondeados.
El pescador vuelve a pensar ‘quien será el idiota que embolsa piedras para tirarlas al agua??’.

Instintivamente toma una, la sopesa en sus manos y la arroja al mar.
Unos segundos después siente el ruido de la piedra que se hunde a lo lejos. ¡Plup!.
Entonces mete la mano otra vez y tira otra piedra. Nuevamente escucha ¡Plup!
y tira para el otro lado ¡Plaf!. Y luego lanza dos a la vez y siente ¡plup-plup! Y trata de tirarlas más lejos y de espaldas y con toda su fuerza ¡Plup-plaf!
Y se entretiene, escuchando los diferentes sonidos, calculando el tiempo y probando de a dos, de a una, a ojos cerrados, de a tres…tira y tira las piedras al mar.
Hasta que el sol empieza a salir.

El pescador palpa y toca una sola piedra dentro de la bolsa. La última.
Entonces se prepara para tirarla más lejos que las demás.
Y cuando estira el brazo hacia atrás para darle fuerza al lanzamiento el sol empieza a alumbrar y él ve que en la piedra hay un brillo dorado y metálico que llama la atención.
El pescador detiene el impulso y la mira. La piedra refleja el sol entre el moho que la recubre.
El hombre la frota como si fuera una manzana, contra su ropa, y la piedra empieza a brillar más todavía.
Asombrado empieza a frotarla y a limpiarla con la arena, el agua y su camisa, hasta descubrir atónito que la piedra es de oro puro.
Una piedra de oro macizo del tamaño de un pomelo.

Y su alegría se borra cuando piensa que esta piedra es seguramente igual las otras que tiró.
Y piensa ‘qué tonto he sido!! Tuve entre mis manos una bolsa llena de piedras de oro y las fui tirando fascinado por el sonido estúpido que hacían al caer al agua.'
Y empieza a lamentarse y a llorar por las piedras perdidas y piensa que es un desgraciado, que es un pobre tipo, un estúpido, un idiota…
Y empieza a pensar como recuperar todo el oro que perdió...si entrara y se consiguiera un traje de buzo y si fuera por abajo del mar, si fuera de día, si trajera un equipo de buzos para buscarlas, y llora más todavía mientras se lamenta a gritos…

Entonces el sol termina de salir. Y él se da cuenta!
Se da cuenta de que todavia tiene la piedra, se da cuenta de que el sol podría haber tardado un segundo más o él podría haber tirado la piedra más rápido, de que podría no haberse enterado nunca del tesoro que tiene entre sus manos.
Se da cuenta finalmente de que tiene un tesoro, y de que este tesoro es en sí mismo es una fortuna enorme para un pescador como él.
Y se da cuenta de la suerte que significa poder tener el tesoro que todavia tiene.

‘Ojalá podamos ser sabios para no llorar por aquellas piedras que quizás desprevenidamente desperdiciamos, por aquellas cosas que el mar se llevó y tapó, y podamos, de verdad, prepararnos para ver el brillo de las piedras que tenemos y disfrutar en el presente eterno de cada una de ellas…’

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Instantes
Jorge Luis Borges


Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería
más helados y menos habas, tendría más problemas
reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro,
una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.

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LA MARIONETA

Si por un instante Dios se olvidara
de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más,
entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos,
perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen,
Despertaría cuando los demás duermen.
Escucharía cuando los demás hablan,
y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida,
Vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol,
dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón,
escribiría mi odio sobre hielo,
y esperaría a que saliera el sol.
Pintaría con un sueño de Van Gogh
sobre las estrellas un poema de Benedetti,
y una canción de Serrat sería la serenata
que les ofrecería a la luna.
Regaría con lágrimas las rosas,
para sentir el dolor de sus espinas,
y el encarnado beso de sus pétalos...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida...
No dejaría pasar un solo día
sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.
Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos
y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuán equivocados están,
al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen,
sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas,
pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte
no llega con la vejez sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres
He aprendido que todo el mundo quiere vivir
en la cima de la montaña,
Sin saber que la verdadera felicidad está
en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido
aprieta con su pequeño puño,
por vez primera, el dedo de su padre,
lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre
sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo,
cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes,
pero realmente de mucho no habrán de servir,
porque cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente me estaré muriendo.

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Por qué el perro no podía beber

Por qué el perro no podía beber
Le preguntaron a Shibli:
- ¿Quién te guió en el camino?
Contestó:
- Un perro.
Un día lo encontré casi muerto de sed a la orilla del río. Cada vez que veía su imagen en el agua, se asustaba y se alejaba creyendo que era otro perro.
Finalmente, fue tal su necesidad que venciendo su miedo se arrojó al agua; y, entonces, “el otro perro” se esfumó. El perro descubrió que el obstáculo era él mismo y la barrera que lo separaba de lo que buscaba había desaparecido.
De esta misma manera, mi propio obstáculo desapareció cuando comprendí que era mi propio ser.
Fue la conducta de un perro lo que me señaló por primera vez el Camino.

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ (2000)

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