2/4/2009 10:08 pm
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CAMBIA...TODO CAMBIA
Han pasado varios meses quizás semanas, posiblemente sólo un par de horas…pero como haya sido he logrado al fin darme cuenta que soy libre en un contexto brutal y sentencioso, he de haberme perdonado por hallarme de espaldas a la puerta que se cierra tras de mí, dejando atrás mi atesorada y frágil “juventud”, así de simple… dejada, emancipada como un volantín a las pailas, como grano de arena ínfimo en la playa más inmensa del mundo que se vuela con tan solo un soplido. “Un día de estos estaré dispuesta de verdad”, me dije cuando resolví gastar menos tiempo en recibir y más en compartir (si, yo la misma pedante y egoísta), y así estúpidamente dilatar el camino que me lleva a toda prisa a donde han ido mis sueños y a donde he de terminar, aceptando, dejando, cambiando, todo por tocar eso que algunos llaman “madurar” y de algún modo crecer y fundar las tierras en la que pasaré el resto de mis años, conjugando pero ésta vez en pretérito imperfecto quizás qué verbo. Y dejar de escribir la “misma manoseada historia”, aquella peculiar fábula invendible, que no indica nada concreto, pero así es como me lograba expresar, los que me conocen lo entenderán y aunque estoy segura que quien me pueda leer en este sitio más de una vez ha pensado que perdí el juicio, como asimismo e perdido otras cosas más agravantes, entre otras, mis quimeras a un costo desgarrador y violento. Si, como aquella canción que un día dediqué con imprudencia y sin medirme el corazón. Pero, ciertamente no es de lo quiero hablar hoy.
Hubo una explosión a nivel fisiológico, estalló/me la neurona disociada y me perdí, pero luego me encontré pasándome majaderamente por el ojal de una aguja (si, otra vez), a diferencia que esta vez traté de redimirme y sopesarme, entonces no hallé mejor cosa que caminar y además correr, luego de eso ya no podía parar, si eh! a lo Forest Gump. Luego de exonerar mis actos involuntarios, torpes e ignorantes, miré hacia atrás y haciéndome “la lesa” (lo cual me costó muchísimo, cof-cof) retrocedí al punto de partida, sí, al estallido y resolví que nada es tan traumático como para no poder sobrellevarlo y que si era parte de mi evolución desprenderme de la ya interfecta neurona deficiente, no debía hacer otra cosa que asumir mi crecimiento y en eso estaba, cuando la puerta se cerró tras mi espalda dejando mi pasado inmediato quizás en qué purgatorio.
Al cumplir años le tomé el diámetro a mi boca y desenvolví amargamente el regalito que me correspondía, que me regalaba contento y feliz el patético y grandioso paso de los años, no era muy ostentoso pero lo asimilé y lo multipliqué por mis muchas carencias. Cumplir años no es fácil y menos aún cuando cumples 30 (si, maldita sea “treinta”)y por más que “no se te noten” (como dicen los que me quieren) Ahí están, sacando las cuentas por mi, haciéndome creer en lo que antes no creía y haciéndome escéptica a otras, como si alguna vez alguien me hubiese heredado credos poderosos por deber o por pena o por lo que fuese socialmente tolerable. Le quité el corazón a mis palabras y le sume razón a mis sentimientos, y como si esto fuera poco dejé de juzgarme tanto por tan poco.
Mi tiempo y mis sueños se están dado la mano, reconciliándose y yo aquí aparentando una cara de astucia (esa si me sale bien), con menos corazón y más razón, con más prudencia y menos carencia, haciendo reticencia de la vida, como si esta misma tuviera algo que ver en mi literal y poco agraciado aun “gran proceso evolutivo”, ese asuntito colosal en mí, porque siempre a sido así, o mucho o demasiado, pero siempre agrandándolo todo, complicándolo al máximo, sacándole verdades por mentiras a mis propias convicciones de lo que se supone es un ser maduro en su contexto total y sobre todo neuronal todo esto talvez solamente por cumplir con aquello que me corresponde oficialmente al cambiarme de manera nefasta e irrefutable de década.
ELEONORA ______________________________________________
TARDE...DEMASIADO TARDE
Con las manos e intenciones puestas en la puerta de argumentos que dejé cerrada, caminé rápidamente invocando a alguno (cualquiera) de mis Dioses, con la finalidad básica de adquirir en calidad de arriendo alguno de los poderes de los que antes ya había hecho uso. No, pensé para mi, la invisibilidad (único argumento disponible) no es para el tipo de chicas como yo…aunque a decir verdad, no necesitaba poderes sobre/humanos… el humano que seguía mis pasos, no era del tipo “difícil” de eludir, por un momento llegué a pensar que dejaba de seguir mis pasos y calmé mi andar… de vez en vez volteaba y no lo veía y al doblar la esquina, lo divisé y su rostro inquebrantable parecía cansado y sin más ni menos al pasar junto a mi, me dijo unas palabras, su voz sonó distinta, cerré mis ojos por inercia y estallaron en mi semblante las imágenes que alguna vez habíamos vivido juntos… talvez en otras vidas, la piel de mi cuerpo como pocas veces se erizó, supuse que había usado alguna de sus facultades de transportación y a ojos cerrados me limité a sostener mi mundo.
Había vuelto, no sé como lo hace siempre para regresar a donde yo estoy, una vez me contó que sus días son infinitos y que la clave para regresar al minuto exacto estaban sujetas al corazón…me dijo: “escúchame muy bien, abstraerse de los sentimientos es muy fácil porque los sentimientos están ligados a la razón, puedo dejar de amarte y puedo volver a hacerlo las veces que quiera, pero desprenderte de mi corazón es imposible… no puedo llevarte conmigo ni puedo amarrarme a tu corazón… tampoco puedes hacerlo tu, pero al irme te dejo un obsequio, solo tienes que saber que cuando lo abras será demasiado tarde, perdóname por eso y por otras cosas que ya no puedo remediar”. En esos momentos no entendía nada, creí que eran efectos propios de la mezcla de drogas que usaban para mitigarle el cáncer que lo disipaba por dentro, aquella vez sentí lastima y no usé el cuestionamiento para fastidiarlo… no hacía falta, estaba sintiendo ya mucho dolor.
Al abrir mis ojos, una vez distendida después de un largo rato, me habló otra vez, el primer impacto ya había pasado y con él gran parte de mi recelo, seguía parado junto a mi… había una luz sobre sus hombros y la mirada que antes me acosaba esta puesta fija en el horizonte como queriendo explicarse los limites entre la tierra y el cielo… ¿Cómo te llamas? Murmuré, alcanzando la distancia de sus ojos, “no es importante” me dijo mientras hurgueteaba mentalmente mi destino. “¿Porqué escapabas? solo soy parte constante de tu existencia y tu a tu vez eres quien me da vida y me la quita… sabes muy bien quién soy yo”, asentí tomándole la mano como aquella vez que nos embriagamos y las distancias físicas no existieron… “son solo momentos” consideró mientras caminamos en dirección al poniente, ahí donde un día le entregué algo más que mi amor.
Antes del amanecer, y mientras yo dormía, beso mi frente y juró volver… años más tarde lo vi otra vez… la última vez, “no coincidimos” me dijo, me entregó una cajita del tamaño de una de esas de fósforos, su voz que ya no era de este mundo me invitó a recordarle dentro de mis vivencias, esas que vivimos juntos, esas que ya casi no recordaba y me di cuenta del tiempo y me di cuenta del espacio y me di cuenta al fin que todo cambia, todo excepto la esencia y lloré por comprenderlo tarde… me dijo: “es tu obsequio, cada vez que me necesites abre la caja, habrá para cada pena un alivio, para cada dolor una calma… más yo no estaré… jamás”.
ELEONORA ____________________________________________________
SIN MENTIRAS Los rumores de sol de esta mañana que osados intentan persuadir los encorvados costados de las cortinas llegan a mi cara como cientos de partículas imperceptibles de fuego incendiándose ante mis ojos obligándome a salir de aquel estado de intervalo, entre sueño y conciencia. Una nueva mañana se declara, sin embargo yo me rehúso de manera insuficiente al día nuevo, pues ya estoy despierta, acalorada y peor aún, ansiosa.
Resignada y todo permanezco inerte a ojos cerrados, buscando imaginariamente el último lugar donde dejé mis píldoras. Las hallo, me levanto de prisa antes de recibir la jaqueca que me intimida paranoicamente a diario, me siento más segura en el minuto en que el agua transporta hacia mi estomago las benditas capsulas amarillas. Olvido el desayuno y recuerdo con ansias un cigarro…
Hoy iba a salir, voy a salir. Debía caminar o por lo menos asomarme a la calle, hace tantos años que no hablo con nadie y hasta olvidé el timbre de mi voz lo cual en cierta medida me inquieta pero de manera adversa, aunque éste estado de hibernación me acomoda tanto como no oír mi voz. Tan segura estoy de que el lenguaje verbal no me favorece que hasta he formulado teorías al respecto, teorías que en su mayoría desembocan en una: la enorme cantidad de veces que me he oído faltado a mi verdad por condescender a la de otros, otros que no quería lastimar porque estos OTROS eran parte integra de mis afectos. Callar ha resultado sumamente grato y fundamentalmente verdadero para mí.
Un paseo, caminar, observar eso me basta, tan solo salir y ver a un par de niños jugar para sentirme sociable por un momento. Lo estoy logrando, salgo de aquí y pienso que cualquier avenida sería un buen testigo de mi breve reinserción social.
Antes cuando era joven la vulnerabilidad crecía a la par con mi devastador temor a quedarme sola y al quedarme sola descubro que a propósito de esto la vulnerabilidad no era más que mi defensa personal, abandono así cualquier indicio de protección que no sea producido por mi, cualquier tipo de compañía que me obligue a dejar mi incomunicación verbal.
Antes cuando era joven creía y creía tanto que no alcancé a darme cuenta antes cuanto me carcomió el alma la falsedad. Hoy no creo. No quiero, no puedo.
Al principio de este veto, sentía una especie de ahogo, de un momento a otro creía enloquecer, respiraba hondo y me tapaba los oídos, cuando estaba a punto de flaquear, a toda prisa me iba al mar, nadaba varios metros y cuando me sentía segura me ponía a gritar, gritaba hasta que mi voz se extraviaba mar adentro y volvía nuevamente la paz.
Han pasado varias horas, cae la noche. Estoy lista para volver al hospital, afortunadamente aún nadie me busca… puedo entonces caminar sola de regreso sin problema, después de todo la gente ya se a acostumbrado a mis paseos por aquí, a mi deterioro mental y a mi camisa de fuerza… al final, la gente se acostumbra a todo y los que no calzamos con esa generalidad buscamos modos para escapar… es mi caso personal. Hasta aquí la mentira no me alcanza, por ahora.
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