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CARGADA DE MIELES POEMA SENSUAL POR FANNY JEM WONG
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Nov 20, 2009 1:00 pm
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 CARGADA DE MIELES POEMA SENSUAL POR FANNY JEM WONG
Penetraba el corazón el blanco rocío y el maduro banano se cargaba de mieles Un ruido palmeo libre sobre los duraznos llevando el cuerpo de naranja desnuda confundiéndola de fresa hasta los pies.
Consumía de él, ella los dos rojos ciruelos Embadurnada su boca de fruta melosa Ágil, agua le traía para limpiarle la mesa que había ya levantado su blanco mantel.
Empezaba a molerse la castaña dorada llenando el hoyo del batán una y otra vez hasta hacerse la harina tostada más fina moliéndose los cuerpos al derecho y al revés
Llego la castaña a orillas del lago aromado con los brazos y la espalda doloridos del amor se abrió con dulzura la entrada de la canasta.
La cabecita del pájaro silbaba al costado abrió el vino de almendras con confianza. mientras la boca carmesí probaba guayaba el maracuyá se vertía en almíbar cocido sobre el ardiente cuerpo del campo de cebada
Inspirada la voz del descanso de la fruta con la cara gorda y encendida la banana sonreía, se adornaba con una corona de mi tupida selva como dedos carnosos entre los rubios vellos. sin preocuparse de las canas de las cejas los frutos maduros se incendiaron en llamas. Y en el silencio consumieron el canasto….
Jem Wong 12-06-05
(Jemwong)
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ROJO CAPULLO POR FANNY JEM WONG
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Nov 16, 2009 4:36 am
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 ROJO CAPULLO
Lejos del hogar ancestral bajo las verdes hojas del olmo entre almohadones de rojas fresas la pulpa sabrosa de los frutos consumiéronse gota a gota.
Despacio, de prisa mirando y sin mirar al cielo bajo una cálida lluvia la rama del frutero se eleva, cambiando de posición, airosa entre placenteras semillas.
Encendiendo quejidos corola y pistilo entre las piernas. En la punta de la madura lengua todas las estaciones florecen. Lloran aceites los almendros e inflamado el rojo capullo reclama por su único ojo la intimidad de los bosques florecidos.
Posesión absoluta de los ciclos, transparente , sin coraza, ofrendando corola y tornasol convulsionando entre sus yemas, las blanquecinas aguas, fluyen eternas.
FANNY JEM WONG LIMA PERÚ 15-11-2009
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CULTO A LA MUERTE POR FANNY JEM WONG
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Nov 13, 2009 9:52 pm
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 CULTO A LA MUERTE
Resuenan las cuerdas en gélidos gemidos. El cielo llora, estrellas muertas… Danza frenética, velos negros, Vaporosa cubierta…. Gira…. Gira…Gira…
Ajusta el fino cuello de golpe, sin aviso. En líneas de entrañas y geometría perfecta, Ármense los lazos, concluyan su tiempo…
Lo eterno es efímero… Nada es…nada existe. Rojos demonios observen complacidos. Voces infernales aúllen intensas… Hasta desangrarme, revivan voces del pasado La hora a llegado, lo escrito no ha de cambiar
Levántense furiosas… Marquen fronteras. Cieguen las luces, eleven los muros. Vistan de linfa y brea espesa las imponentes escaleras. Dibujen el antiguo y fastuoso Coliseo
Miserables bestias disfruten del banquete No se contengan empiecen por sus manos Hasta el hartazgo, saboreen médula y linfa. Giren… Giren... Giren… Eros y Thánatos ¡Divídanse! ¡Divídanse!
FANNY JEM WONG LIMA PERU 13-11-2009
“Andamios temblorosos Burbujas rojas Pasos de plomo “ JEM
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NO TENÍAMOS SALIDA POR FANNY JEM WONG
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Oct 30, 2009 2:31 am
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NO TENÍAMOS SALIDA
Penas, dolor, mentiras, pueden tener muchos rostros…. Hubo tanta miseria alrededor, no teníamos paraguas, ni salida…
Máscaras… Máscaras…. Solo fueron máscaras. Al fin cayeron los velos.
Miro de reojo el ojo que me cuida, la verdad asoma vestida de blanco.
Fanny Jem Wong Lima Perú 26-10-2009
Nos sentaremos pacientemente a esperar veremos caer todas las mascaras…. Por lo menos, eso no se nos fue negado.
Jem
29-10-2009
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AL JILGUERO NEGRO DE LA CANCIÓN PERUANA (EN MEMORIA DE ARTURO “ZAMBO” CAVERO)
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Oct 9, 2009 11:41 pm
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 AL JILGUERO NEGRO DE LA CANCIÓN PERUANA (EN MEMORIA DE ARTURO “ZAMBO” CAVER
Que el cielo abra sus enormes puertas El jilguero negro, no necesita tocarlas. En sus manos lleva la paz compungida De una nación que lo añora. Que el cielo reciba esta fría mañana Cuando repiquen todas las campanas Y se oculte el sol avergonzado Al criollo de corazón ardiente y jaranero Al “Tuta” de “Banderitas Blancas” A la voz que es y será eterno y poderoso himno
Descansa en paz alma fuerte, jaranera y valiente Porque tú eres Perú
Fanny Jem Wong Lima Perú 09-10-2009
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Los versos del Capitán PABLO NRUDA
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Oct 4, 2009 2:07 pm
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Los versos del Capitán [Poemas: Texto completo] Pablo Neruda
Explicación
Mucho se discutió el anonimato de este libro. Lo que yo discutía en mi interior mientras tanto, era si debía o no sacarlo de su origen íntimo: revelar su progenitura era desnudar la intimidad de su nacimiento. Y no me parecía que tal acción fuera leal a los arrebatos de amor y furia, al clima desconsolado y ardiente del destierro que le dio nacimiento.
Por otra parte pienso que todos los libros debieran ser anónimos. Pero entre quitar a todos los míos mi nombre o entregarlo al más misterioso, cedí, por fin, aunque sin muchas ganas.
¿Que por qué guardó su misterio por tanto tiempo? Por nada y por todo, por lo de aquí y lo de más allá, por alegrías impropias, por sufrimientos ajenos. Cuando Paolo Ricci, compañero luminoso, lo imprimió por primera vez en Nápoles en 1952 pensamos que aquellos escasos ejemplares que él cuidó y preparó con excelencia, desaparecerían sin dejar huellas en las arenas del sur.
No ha sido así. Y la vida que reclamó su estallido secreto hoy me lo impone como presencia del inconmovible amor.
Entrego, pues, este libro sin explicarlo más, como si fuera mío y no lo fuera: basta con que pudiera andar solo por el mundo y crecer por su cuenta. Ahora que lo reconozco espero que su sangre furiosa me reconocerá también.
Pablo Neruda Isla Negra, noviembre de 1963
Introducción
Habana, 3 de octubre de 1951
Estimado señor:
Me permito enviarle estos papeles que creo le interesarán y que no he podido dar a la publicidad hasta ahora.
Tengo todos los originales de estos versos. Están escritos en los sitios más diversos, como trenes, aviones, cafés y en pequeños papelitos extraños en los que no hay casi correcciones.
En una de sus últimas cartas venía la “Carta en el camino”.
Muchos de estos papeles por arrugados y cortados son casi ilegibles, pero creo que he logrado descifrarlos.
Mi persona no tiene importancia, pero soy la protagonista de este libro y eso me hace estar orgullosa y satisfecha de mi vida.
Este amor, este gran amor, nació un agosto de un año cualquiera, en mis giras que hacía como artista, por los pueblos de la frontera franco española.
Él venía de la guerra de España. No venía vencido. Era del partido de Pasionaria, estaba lleno de ilusiones y de esperanzas para su pequeño y lejano país, en Centro América. Siento no poder dar su nombre. Nunca he sabido cuál era el verdadero, si Martínez, Ramírez o Sánchez. Yo lo llamo simplemente mi Capitán y éste es el nombre que quiero conservar en este libro.
Sus versos son como él mismo: tiernos, amorosos, apasionados, y terribles en su cólera. Era fuerte y su fuerza la sentían todos los que a él se acercaban. Era un hombre privilegiado de los que nacen para grandes destinos. Yo sentía su fuerza y mi placer más grande era sentirme pequeña a su lado.
Entró a mi vida, como él lo dice en un verso, echando la puerta abajo. No golpeó la puerta con timidez de enamorado. Desde el primer instante, él se sintió dueño de mi cuerpo y de mi alma. Me hizo sentir que todo cambiaba en mi vida, esa pequeña vida mía de artista, de comodidad, de blandura, se transformó como todo lo que él tocaba.
No sabía de sentimientos pequeños, ni tampoco los aceptaba. Me dio su amor, con toda la pasión que él era capaz de sentir y yo lo amé como nunca me creí capaz de amar. Todo se transformó en mi vida. Entré a un mundo que antes nunca soñé que existía. Primero tuve miedo, hubo momentos de duda, pero el amor no me dejó vacilar mucho tiempo.
Este amor me traía todo.
La ternura dulce y sencilla cuando buscaba una flor, un juguete, una piedra de río y me la entregaba con sus ojos húmedos de una ternura infinita. Sus grandes manos eran, en este momento, de una blandura dulce y en sus ojos se asomaba entonces un alma de niño.
Pero había en mí un pasado que él no conocía y había celos y furias incontenibles. Éstas eran como tempestades furiosas que azotaban su alma y la mía, pero nunca tuvieron fuerza para destrozar la cadena que nos unía, que era nuestro amor, y de cada tempestad salíamos más unidos, más fuertes, más seguros de nosotros mismos.
En todos estos momentos, él escribía estos versos, que me hacían subir al cielo o bajar al mismo infierno, con la crudeza de sus palabras que me quemaban como brasas.
Él no podía amar de otra manera.
Estos versos son la historia de nuestro amor, grande en todas sus manifestaciones. Tenía la misma pasión que él ponía en sus combates, en sus luchas contra las injusticias. Le dolía el sufrimiento y la miseria, no sólo de su pueblo, sino de todos los pueblos, todas las luchas por combatirlas eran suyas y se entregaba entero, con toda su pasión.
Yo soy muy poco literaria y no puedo hablar del valor de estos versos, fuera del valor humano que indiscutiblemente tienen. Tal vez el Capitán nunca pensó que estos versos se publicarían, pero ahora creo que es mi deber darlos al mundo.
Saluda atentamente a usted. Rosario de la Cerda
Los versos del Capitán
El amor
EN TI LA TIERRA
Pequeña rosa, rosa pequeña, a veces, diminuta y desnuda, parece que en una mano mía cabes, que así voy a cerrarte y llevarte a mi boca, pero de pronto mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios, has crecido, suben tus hombros como dos colinas, tus pechos se pasean por mi pecho, mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada línea de luna nueva que tiene tu cintura: en el amor como agua de mar te has desatado: mido apenas los ojos más extensos del cielo y me inclino a tu boca para besar la tierra.
LA REINA
Yo te he nombrado reina. Hay más altas que tú, más altas. Hay más puras que tú, más puras. Hay más bellas que tú, hay más bellas. Pero tú eres la reina. Cuando vas por las calles nadie te reconoce. Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira la alfombra de oro rojo que pisas donde pasas, la alfombra que no existe. Y cuando asomas suenan todos los ríos en mi cuerpo, sacuden el cielo las campanas, y un himno llena el mundo. Sólo tú y Yo, sólo tú y yo, amor mío, lo escuchamos.
EL ALFARERO
Todo tu cuerpo tiene copa o dulzura destinada a mí. Cuando subo la mano encuentro en cada sitio una paloma que me buscaba, como si te hubieran, amor, hecho de arcilla para mis propias manos de alfarero. Tus rodillas, tus senos, tu cintura faltan en mí como en el hueco de una tierra sedienta de la que desprendieron una forma, y juntos somos completos como un solo río, como una sola arena.
8 DE SEPTIEMBRE
Hoy, este día fue una copa plena, hoy, este día fue la inmensa ola, hoy, fue toda la tierra. Hoy el mar tempestuoso nos levantó en un beso tan alto que temblamos a la luz de un relámpago y, atados, descendimos a sumergirnos sin desenlazarnos. Hoy nuestros cuerpos se hicieron extensos, crecieron hasta el límite del mundo y rodaron fundiéndose en una sola gota de cera o meteoro. Entre tú y yo se abrió una nueva puerta y alguien, sin rostro aún, allí nos esperaba. TUS PIES Cuando no puedo mirar tu cara miro tus pies. Tus pies de hueso arqueado, tus pequeños pies duros. Yo sé que te sostienen, y que tu dulce peso sobre ellos se levanta. Tu cintura y tus pechos, la duplicada púrpura de tus pezones, la caja de tus ojos que recién han volado, tu ancha boca de fruta, tu cabellera roja, pequeña torre mía. Pero no amo tus pies sino porque anduvieron sobre la tierra y sobre el viento y sobre el agua, hasta que me encontraron.
TUS MANOS
Cuando tus manos salen, y amor, hacia las mías, qué me traen volando? Por qué se detuvieron en mi boca, de pronto, por qué las reconozco como si entonces antes, las hubiera tocado, como si antes de ser hubieran recorrido mi frente, mi cintura? Su suavidad venía volando sobre el tiempo, sobre el mar, sobre el humo, sobre la primavera, y cuando tú pusiste tus manos en mi pecho, reconocí esas alas de paloma dorada, reconocí esa greda y ese color de trigo. Los años de mi vida yo caminé buscándolas. Subí las escaleras, crucé los arrecifes, me llevaron los trenes, las aguas me trajeron, y en la piel de las uvas me pareció tocarte. La madera de pronto me trajo tu contacto, la almendra me anunciaba tu suavidad secreta, hasta que se cerraron tus manos en mi pecho y allí como dos alas terminaron su viaje.
TU RISA
Quítame el pan si quieres, quítame el aire, pero no me quites tu risa. No me quites la rosa, la lanza que desgranas, el agua que de pronto estalla en tu alegría, la repentina ola de planta que te nace. Mi lucha es dura y vuelvo con los ojos cansados a veces de haber visto la tierra que no cambia, pero al entrar tu risa sube al cielo buscándome y abre para mí todas las puertas de la vida. Amor mío, en la hora más oscura desgrana tu risa, y si de pronto ves que mi sangre mancha las piedras de la calle, ríe, porque tu risa será para mis manos como una espada fresca. Junto al mar en otoño, tu risa debe alzar su cascada de espuma, y en primavera, amor, quiero tu risa como la flor que yo esperaba, la flor azul, la rosa de mi patria sonora. Ríete de la noche, del día, de la luna, ríete de las calles torcidas de la isla, ríete de este torpe muchacho que te quiere, pero cuando yo abro los ojos y los cierro, cuando mis pasos van, cuando vuelven mis pasos, niégame el pan, el aire, la luz, la primavera, pero tu risa nunca porque me moriría.
EL INCONSTANTE
Los ojos se me fueron detrás de una morena que pasó. Era de nácar negro, era de uvas moradas, y me azotó la sangre con su cola de fuego. Detrás de todas me voy. Pasó una clara rubia como una planta de oro balanceando sus dones. Y mi boca se fue como una ola descargando en su pecho relámpagos de sangre. Detrás de todas me voy. Pero a ti, sin moverme, sin verte, tú distante, van mi sangre y mis besos, morena y clara mía, alta y pequeña mía, ancha y delgada mía, mi fea, mi hermosura, hecha de todo el oro y de toda la plata, hecha de todo el trigo y de toda la tierra, hecha de toda el agua de las olas marinas, hecha para mis brazos, hecha para mis besos, hecha para mi alma.
LA NOCHE EN LA ISLA
Toda la noche he dormido contigo junto al mar, en la isla. Salvaje y dulce eras entre el placer y el sueño, entre el fuego y el agua. Tal vez muy tarde nuestros sueños se unieron en lo alto o en el fondo, arriba como ramas que un mismo viento mueve, abajo como rojas raíces que se tocan. Tal vez tu sueño se separó del mío y por el mar oscuro me buscaba como antes, cuando aún no existías, cuando sin divisarse navegué por tu lado, y tus ojos buscaban lo que ahora -pan, vino, amor y cólera- te doy a manos llenas porque tú eres la copa que esperaba los dones de mi vida. He dormido contigo toda la noche mientras la oscura tierra gira con vivos y con muertos, y al despertar de pronto en medio de la sombra mi brazo rodeaba tu cintura. Ni la noche, ni el sueño pudieron separarnos. He dormido contigo y al despertar tu boca salida de tu sueño me dio el sabor de tierra, de agua marina, de algas, del fondo de tu vida, y recibí tu beso mojado por la aurora como si me llegara del mar que nos rodea.
EL VIENTO EN LA ISLA
El viento es un caballo: óyelo cómo corre por el mar, por el cielo. Quiere llevarme: escucha cómo recorre el mundo para llevarme lejos. Escóndeme en tus brazos por esta noche sola, mientras la lluvia rompe contra el mar y la tierra su boca innumerable. Escucha cómo el viento me llama galopando para llevarme lejos. Con tu frente en mi frente, con tu boca en mi boca, atados nuestros cuerpos al amor que nos quema, deja que el viento pase sin que pueda llevarme. Deja que el viento corra coronado de espuma, que me llame y me busque galopando en la sombra, mientras yo, sumergido bajo tus grandes ojos, por esta noche sola descansaré, amormío.
LA INFINITA
Ves estas manos? Han medido la tierra, han separado los minerales y los cereales, han hecho la paz y la guerra, han derribado las distancias de todos los mares y ríos, y sin embargo cuando te recorren a ti, pequeña, grano de trigo, alondra, no alcanzan a abarcarle, se cansan alcanzando las palomas gemelas que reposan o vuelan en tu pecho, recorren las distancias de tus piernas, se enrollan en la luz de tu cintura. Para mí eres tesoro más cargado de inmensidad que el mar y sus racimos y eres blanca y azul y extensa como la tierra en la vendimia. En ese territorio, de tus pies a tu frente, andando, andando, andando, me pasaré la vida.
BELLA
Bella, como en la piedra fresca del manantial, el agua abre un ancho relámpago de espuma, así es la sonrisa en tu rostro, bella. Bella, de finas manos y delgados pies como un caballito de plata, andando, flor del mundo, así te veo, bella. Bella, con un nido de cobre enmarañado en tu cabeza, un nido color de miel sombría donde mi corazón arde y reposa, bella. Bella, no te caben los ojos en la cara, no te caben los ojos en la tierra. Hay países, hay ríos, en tus ojos, mi patria está en tus ojos, yo camino por ellos, ellos dan luz al mundo por donde yo camino, bella. Bella, tus senos son como dos panes hechos de tierra cereal y luna de oro, bella. Bella, tu cintura la hizo mi brazo como un río cuando pasó mil años por tu dulce cuerpo, bella. Bella, no hay nada como tus caderas, tal vez la tierra tiene en algún sitio oculto la curva y el aroma de tu cuerpo, tal vez en algún sitio, bella. Bella, mi bella, tu voz, tu piel, tus uñas, bella, mi bella, tu ser, tu luz, tu sombra, bella, todo eso es mío, bella, todo eso es mío, mía, cuando andas o reposas, cuando cantas o duermes, cuando sufres o sueñas, siempre, cuando estás cerca o lejos, siempre, eres mía, mi bella, siempre.
LA RAMA ROBADA
En la noche entraremos a robar una rama florida. Pasaremos el muro, en las tinieblas del jardín ajeno, dos sombras en la sombra. Aún no se fue el invierno, y el manzano aparece convertido de pronto en cascada de estrellas olorosas. En la noche entraremos hasta su tembloroso firmamento, y tus pequeñas manos y las mías robarán las estrellas. Y sigilosamente, a nuestra casa, en la noche y en la sombra, entrará con tus pasos el silencioso paso del perfume y con pies estrellados el cuerpo claro de la primavera.
EL HIJO
Ay hijo, sabes, sabes de dónde vienes? De un lago con gaviotas blancas y hambrientas. Junto al agua de invierno ella y yo levantamos una fogata roja gastándonos los labios de besarnos el alma, echando al fuego todo, quemándonos la vida. Así llegaste al mundo. Pero ella para verme y para verte un día atravesó los mares y yo para abrazar su pequeña cintura toda la tierra anduve, con guerras y montañas, con arenas y espinas. Así llegaste al mundo. De tantos sitios vienes, del agua y de la tierra, del fuego y de la nieve, de tan lejos caminas hacia nosotros dos, desde el amor terrible que nos ha encadenado, que queremos saber cómo eres, qué nos dices, porque tú sabes más del mundo que te dimos. Como una gran tormenta sacudimos nosotros el árbol de la vida hasta las más ocultas fibras de las raíces y apareces ahora cantando en el follaje, en la más alta rama que contigo alcanzamos.
LA TIERRA
La tierra verde se ha entregado a todo lo amarillo, oro, cosechas, terrones, hojas, grano, pero cuando el otoño se levanta con su estandarte extenso eres tú la que veo, es para mí tu cabellera la que reparte las espigas. Veo los monumentos de antigua piedra rota, pero si toco la cicatriz de piedra tu cuerpo me responde, mis dedos reconocen de pronto, estremecidos, tu caliente dulzura. Entre los héroes paso recién condecorados por la tierra y la pólvora y detrás de ellos, muda, con tus pequeños pasos, eres o no eres? Ayer cuando sacaron de raíz, para verlo, el viejo árbol enano te vi salir mirándome desde las torturadas y sedientas raíces. Y cuando viene el sueño a extenderme y llevarme a mi propio silencio hay un gran viento blanco que derriba mi sueño y caen de él las hojas, caen como cuchillos sobre mí desangrándome. Y cada herida tiene la forma de tu boca.
AUSENCIA
Apenas te he dejado, vas en mí, cristalina o temblorosa, o inquieta, herida por mí mismo o colmada de amor, como cuando tus ojos se cierran sobre el don de la vida que sin cesar te entrego. Amor mío, nos hemos encontrado sedientos y nos hemos bebido toda el agua y la sangre, nos encontramos con hambre y nos mordimos como el fuego muerde, dejándonos heridas. Pero espérame, guárdame tu dulzura. Yo te daré también una rosa. El deseo EL TIGRE Soy el tigre. Te acecho entre las hojas anchas como lingotes de mineral mojado. El río blanco crece bajo la niebla. Llegas. Desnuda te sumerges. Espero. Entonces en un salto de fuego, sangre, dientes, de un zarpazo derribo tu pecho, tus caderas. Bebo tu sangre, rompo tus miembros uno a uno. Y me quedo velando por años en la selva tus huesos, tu ceniza, inmóvil, lejos del odio y de la cólera, desarmado en tu muerte, cruzado por las lianas, inmóvil en la lluvia, centinela implacable de mi amor asesino.
EL CÓNDOR
Yo soy el cóndor, vuelo sobre ti que caminas y de pronto en un ruedo de viento, pluma, garras, te asalto y te levanto en un ciclón silbante de huracanado frío. Y a mi torre de nieve, a mi guarida negra te llevo y sola vives, y te llenas de plumas y vuelas sobre el mundo, inmóvil, en la altura. Hembra cóndor, saltemos sobre esta presa roja, desgarremos la vida que pasa palpitando y levantemos juntos nuestro vuelo salvaje.
EL INSECTO De tus caderas a tus pies quiero hacer un largo viaje. Soy más pequeño que un insecto. Voy por estas colinas, son de color de avena, tienen delgadas huellas que sólo yo conozco, centímetros quemados, pálidas perspectivas. Aquí hay una montaña. No saldré nunca de ella. Oh qué musgo gigante! Y un cráter, una rosa de fuego humedecido! Por tus piernas desciendo hilando una espiral o durmiendo en el viaje y llego a tus rodillas de redonda dureza como a las cimas duras de un claro continente. Hacia tus pies resbalo, a las ocho aberturas, de tus dedos agudos, lentos, peninsulares, y de ellos al vacío de la sábana blanca caigo, buscando ciego y hambriento tu contorno de vasija quemante!
Las furias
EL AMOR
Qué tienes, qué tenemos, qué nos pasa? Ay nuestro amor es una cuerda dura que nos amarra hiriéndonos y si queremos salir de nuestra herida, separarnos, nos hace un nuevo nudo y nos condena a desangrarnos y quemarnos juntos. Qué tienes? Yo te miro y no hallo nada en ti sino dos ojos como todos los ojos, una boca perdida entre mil bocas que besé, más hermosas, un cuerpo igual a los que resbalaron bajo mi cuerpo sin dejar memoria. Y qué vacía por el mundo ibas como una jarra de color de trigo sin aire, sin sonido, sin substancia! Yo busqué en vano en ti profundidad para mis brazos que excavan, sin cesar, bajo la tierra: bajo tu piel, bajo tus ojos nada, bajo tu doble pecho levantado apenas una corriente de orden cristalino que no sabe por qué corre cantando. Por qué, por qué, por qué, amor mío, por qué?
SIEMPRE
Antes de mí no tengo celos. Ven con un hombre a la espalda, ven con cien hombres en tu cabellera, ven con mil hombres entre tu pecho y tus pies, ven como un río lleno de ahogados que encuentra el mar furioso, la espuma eterna, el tiempo! Tráelos todos adonde yo te espero: siempre estaremos solos, siempre estaremos tú y yo solos sobre la tierra para comenzar la vida!
EL DESVÍO
Si tu pie se desvía de nuevo, será cortado. Si tu mano te lleva a otro camino se caerá podrida. Si me apartas tu vida morirás aunque vivas. Seguirás muerta o sombra, andando sin mí por la tierra.
LA PREGUNTA
Amor, una pregunta te ha destrozado. Yo he regresado a ti desde la incertidumbre con espinas. Te quiero recta como la espada o el camino. Pero te empeñas en guardar un recodo de sombra que no quiero. Amor mío, compréndeme, te quiero toda, de ojos a pies, a uñas, por dentro, toda la claridad, la que guardabas. Soy yo, amor mío, quien golpea tu puerta. No es el es el fantasma, no es el que antes se detuvo en tu ventana. yo echo la puerta abajo: Yo entro en toda tu vida: vengo a vivir en tu alma: tú no puedes conmigo. Tienes que abrir puerta a puerta, tienes que obedecerme, tienes que abrir los ojos para que busque en ellos, tienes que ver cómo ando con pasos pesados por todos los caminos que, ciegos, me esperaban. No me temas, soy tuyo, pero no soy el pasajero ni el mendigo, soy tu dueño, el que tú esperabas, y ahora entro en tu vida, para no salir más, amor, amor, amor, para quedarme.
LA PRÓDIGA
Yo te escogí entre todas las mujeres para que repitieras sobre la tierra mi corazón que baila con espigas o lucha sin cuartel cuando hace falta. Yo te pregunto, dónde está mi hijo? No me esperaba en ti, reconociéndome, Y diciéndome: “Llámame para salir sobre la tierra Y continuar tus luchas y tus cantos?” Devuélveme a mi hijo! Lo has olvidado en las puertas del placer, oh pródiga enemiga, has olvidado que viniste a esta cita, la más profunda, aquella en que los dos, unidos, seguiremos hablando por su boca, amor mío, ay, todo aquello que no alcanzamos a decirnos? Cuando yo te levanto en una ola de fuego y sangre, y se duplica la vida entre nosotros, acuérdate, que alguien nos llama como nadie jamás nos ha llamado y que no respondemos y nos quedamos solos y cobardes ante la vida que negamos. Pródiga, abre las puertas, y que en tu corazón el nudo ciego se desenlace y vuele con tu sangre y la mía por el mundo!
EL DAÑO
Te he hecho daño, alma mía, he desgarrado tu alma. Entiéndeme. Todos saben quién soy, pero ese Soy es además un hombre para ti. En ti vacilo, caigo y me levanto ardiendo. Tú entre todos los seres tienes derecho a verme débil. Y tu pequeña mano de pan y de guitarra debe tocar mi pecho cuando sale al combate. Por eso busco en ti la firme piedra. Ásperas manos en tu sangre clavo buscando tu firmeza y la profundidad que necesito, y si no encuentro sino tu risa de metal, si no hallo nada en qué sostener mis duros pasos, adorada, recibe mi tristeza y mi cólera, mis manos enemigas destruyéndote un poco para que te levantes de la arcilla, hecha de nuevo para mis combates.
EL POZO
A veces te hundes, caes en tu agujero de silencio, en tu abismo de cólera orgullosa, y apenas puedes volver, aún con jirones de lo que hallaste en la profundidad de tu existencia. Amor mío, qué encuentras en tu pozo cerrado? Algas, ciénagas, rocas? Qué ves con ojos ciegos, rencorosa y herida? Mi vida, no hallarás en el pozo en que caes lo que yo guardo para ti en la altura: un ramo de jazmines con rocío un beso más profundo que tu abismo. No me temas, no caigas en tu rencor de nuevo. Sacude la palabra mía que vino a herirte y déjala que vuele por la ventana abierta. Ella volverá a herirme sin que tú la dirijas puesto que fue cargada con un instante duro y ese instante será desarmado en mi pecho. Sonríeme radiosa si mi boca te hiere. No soy un pastor dulce como en los cuentos de hadas, sino un buen leñador que comparte contigo tierra, viento y espinas de los montes. Ámame, tú, sonríeme, ayúdame a ser bueno. No te hieras en mí, que será inútil, no me hieras a mí porque te hieres.
EL SUEÑO
Andando en las arenas yo decidí dejarte. Pisaba un barro oscuro que temblaba, y hundiéndome y saliendo decidí que salieras de mí, que me pesabas como piedra cortante, y elaboré tu pérdida paso a paso: cortarte las raíces, soltarte sola al viento. Ay, en ese minuto, corazón mío, un sueño con sus alas terribles te cubría. Te sentías tragada por el barro, y me llamabas y yo no acudía, te ibas, inmóvil, sin defenderte hasta ahogarte en la boca de arena. Después mi decisión se encontró con tu sueño, y desde la ruptura que nos quebraba el alma, surgimos limpios otra vez, desnudos, amándonos sin sueño, sin arena, completos y radiantes, sellados por el fuego.
SI TÚ ME OLVIDAS
Quiero que sepas una cosa. Tú sabes cómo es esto: si miro la luna de cristal, la rama roja del lento otoño en mi ventana, si toco junto al fuego la impalpable ceniza o el arrugado cuerpo de la leña, todo me lleva a ti, como si todo lo que existe, aromas, luz, metales, fueran pequeños barcos que navegan hacia las islas tuyas que me aguardan. Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme dejaré de quererte poco a poco. Si de pronto me olvidas no me busques que ya te habré olvidado. Si consideras largo y loco el viento de banderas que pasa por mi vida y te decides a dejarme a la orilla del corazón en que tengo raíces, piensa que en ese día, a esa hora levantaré los brazos y saldrán mis raíces a buscar otra tierra. Pero si cada día, cada hora sientes que a mí estás destinada con dulzura implacable. Si cada día sube una flor a tus labios a buscarme, ay amor mío, ay mía, en mí todo ese fuego se repite, en mí nada se apaga ni se olvida, mi amor se nutre de tu amor, amada, y mientras vivas estará en tus brazos sin salir de los míos.
EL OLVIDO
Todo el amor en una copa ancha como la tierra, todo el amor con estrellas y espinas te di, pero anduviste con pies pequeños, con tacones sucios sobre el fuego, apagándolo. Ay gran amor, pequeña amada! No me detuve en la lucha. No dejé de marchar hacia la vida, hacia la paz, hacia el pan para todos, pero te alcé en mis brazos y te clavé a mis besos y te miré como jamás volverán a mirarte ojos humanos. Ay gran amor, pequeña amada! Entonces no mediste mi estatura, y al hombre que para ti apartó la sangre, el trigo, el agua confundiste con el pequeño insecto que te cayó en la falda. Ay gran amor, pequeña amada! No esperes que te mire en la distancia hacia atrás, permanece con lo que te dejé, pasea con mi fotografía traicionada, yo seguiré marchando, abriendo anchos caminos contra la sombra, haciendo suave la tierra, repartiendo la estrella para los que vienen. Quédate en el camino. Ha llegado la noche para ti. Tal vez de madrugada nos veremos de nuevo. Ay gran amor, pequeña amada!
LAS MUCHACHAS
Muchachas que buscabais el gran amor, el gran amor terrible, qué ha pasado, muchachas? Tal vez el tiempo, el tiempo! Porque ahora, aquí está, ved cómo pasa arrastrando las piedras celestes, destrozando las flores y las hojas, con un ruido de espumas azotadas contra todas las piedras de tu mundo, con un olor de esperma y de jazmines, junto a la luna sangrienta! Y ahora tocas el agua con tus pies pequeños, con tu pequeño corazón y no sabes qué hacer! Son mejores ciertos viajes nocturnos, ciertos departamentos, ciertos divertidísimos paseos, ciertos bailes sin mayor consecuencia que continuar el viaje! Muérete de miedo o de frío, o de duda, que yo con mis grandes pasos la encontraré, dentro de ti o lejos de ti, y ella me encontrará, la que no temblará frente al amor, la que estará fundida conmigo en la vida o la muerte!
TÚ VENÍAS
No me has hecho sufrir sino esperar. Aquellas horas enmarañadas, llenas de serpientes, cuando se me caía el alma y me ahogaba, tú venías andando, tú venías desnuda y arañada, tú llegabas sangrienta hasta mi lecho, novia mía, y entonces toda la noche caminamos durmiendo y cuando despertamos eras intacta y nueva, como si el grave viento de los sueños de nuevo hubiera dado fuego a tu cabellera y en trigo y plata hubiera sumergido tu cuerpo hasta dejarlo deslumbrante. Yo no sufrí amor mío, yo sólo te esperaba. Tenías que cambiar de corazón y de mirada después de haber tocado la profunda zona de mar que te entregó mi pecho. Tenías que salir del agua pura como una gota levantada por una ola nocturna. Novia mía, tuviste que morir y nacer, yo te esperaba Yo no sufrí buscándote, sabía que vendrías, una nueva mujer con lo que adoro de la que no adoraba, con tus ojos, tus manos y tu boca pero con otro corazón que amaneció a mi lado como si siempre hubiera estado allí para seguir conmigo para siempre.
Las vidas
EL MONTE Y EL RÍO
En mi patria hay un monte. En mi patria hay un río. Ven conmigo. La noche al monte sube. El hambre baja al río. Ven conmigo. Quiénes son los que sufren? No sé, pero son míos. Ven conmigo. No sé, pero me llaman y me dicen: “Sufrimos”. Ven conmigo. Y me dicen: “Tu pueblo, tu pueblo desdichado, entre el monte y el río, con hambre y con dolores, no quiere luchar solo, te está esperando, amigo”. Oh tú, la que yo amo, pequeña, grano rojo de trigo, será dura la lucha, la vida será dura, pero vendrás conmigo.
LA POBREZA
Ay no quieres, te asusta la pobreza, no quieres ir con zapatos rotos al mercado y volver con el viejo vestido. Amor, no amamos, como quieren los ricos, la miseria. Nosotros la extirparemos como diente maligno que hasta ahora ha mordido el corazón del hombre. Pero no quiero que la temas. Si llega por mi culpa a tu morada, si la pobreza expulsa tus zapatos dorados, que no expulse tu risa que es el pan de mi vida. Si no puedes pagar el alquiler sal al trabajo con paso orgulloso, y piensa, amor, que yo te estoy mirando y somos juntos la mayor riqueza que jamás se reunió sobre la tierra.
LAS VIDAS
Ay qué incómoda a veces te siento conmigo, vencedor entre los hombres! Porque no sabes que conmigo vencieron miles de rostros que no puedes ver, miles de pies y pechos que marcharon conmigo, que no soy, que no existo, ¿ue sólo soy la frente de los que van conmigo, que soy más fuerte porque llevo en mí no mí pequeña vida sino todas las vidas, y ando seguro hacia adelante porque tengo mil ojos, golpeo con peso de piedra porque tengo mil manos y mi voz se oye en las orillas de todas las tierras porque es la voz de todos los que no hablaron, de los que no cantaron y cantan hoy con esta boca que a ti te besa.
LA BANDERA
Levántate conmigo. Nadie quisiera como yo quedarse sobre la almohada en que tus párpados quieren cerrar el mundo para mí. Allí también quisiera dejar dormir mi sangre rodeando tu dulzura. Pero levántate, tú, levántate, pero conmigo levántate y salgamos reunidos a luchar cuerpo a cuerpo contra las telarañas del malvado, contra el sistema que reparte el hambre, contra la organización de la miseria. Vamos, y tú, mi estrella, junto a mí, recién nacida de mi propia arcilla, ya habrás hallado el manantial que ocultas y en medio del fuego estarás junto a mí, con tus ojos bravíos, alzando mi bandera.
El Amor del Soldado En plena guerra te llevó la vida a ser el amor del soldado. Con tu pobre vestido de seda, tus uñas de piedra falsa te tocó caminar por el fuego. Ven acá, vagabunda, ven a beber sobre mi pecho rojo rocío. No querías saber dónde andabas, eras la compañera de baile, no tenías partido ni patria. Y ahora a mi lado caminando ves que conmigo va la vida y que detrás está la muerte. Ya no puedes volver a bailar con tu traje de seda en la sala. Te vas a romper los zapatos, pero vas a crecer en la marcha. Tienes que andar sobre las espinas dejando gotitas de sangre. Bésame de nuevo, querida. Limpia ese fusil, camarada.
NO SÓLO EL FUEGO
Ay sí, recuerdo, ay tus ojos cerrados como llenos por dentro de luz negra, todo tu cuerpo como una mano abierta, como un racimo blanco de la luna, y el éxtasis, cuando nos mata un rayo, cuando un puñal nos hiere en las raíces y nos rompe una luz la cabellera, y cuando vamos de nuevo volviendo a la vida, como si del océano saliéramos, como si del naufragio volviéramos heridos entre las piedras y las algas rojas. Pero hay otros recuerdos, no sólo flores del incendio, sino pequeños brotes que aparecen de pronto cuando voy en los trenes o en las calles. Te veo lavando mis pañuelos, colgando en la ventana mis calcetines rotos, tu figura en que todo, todo el placer como una llamarada cayó sin destruirte, de nuevo, mujercita de cada día, de nuevo ser humano, humildemente humano, soberbiamente pobre, como tienes que ser para que seas no la rápida rosa que la ceniza del amor deshace, sino toda la vida, toda la vida con jabón y agujas, con el aroma que amo de la cocina que tal vez no tendremos y en que tu mano entre las papas fritas y tu boca cantando en invierno mientras llega el asado serían para mí la permanencia de la felicidad sobre la tierra. Ay vida mía, no sólo el fuego entre nosotros arde, si no toda la vida, la simple historia, el simple amor de una mujer y un hombre parecidos a todos.
LA MUERTA
Si de pronto no existes, si de pronto no vives, yo seguiré viviendo. No me atrevo, no me atrevo a escribirlo, si te mueres. Yo seguiré viviendo. Porque donde no tiene voz un hombre allí, mi voz. Donde los negros sean apaleados yo no puedo estar muerto. Cuando entren en la cárcel mis hermanos entraré yo con ellos. Cuando la victoria, no mi victoria, sino la gran victoria llegue aunque esté mudo debo hablar: yo la veré llegar aunque esté ciego. No, perdóname. Si tú no vives, si tú, querida, amor mío, si tú te has muerto, todas las hojas caerán en mi pecho, lloverá sobre mi alma noche y día, la nieve quemará mi corazón, andaré con frío y fuego y muerte y nieve, mis pies querrán marchar hacia donde tú duermes, pero seguiré vivo, porque tú me quisiste sobre todas las cosas indomable, y, amor, porque tú sabes que soy no sólo un hombre sino todos los hombres.
PEQUEÑA AMÉRICA
Cuando miro la forma de América en el mapa, amor, a ti te veo: las alturas del cobre en tu cabeza, tus pechos, trigo y nieve, tu cintura delgada, veloces ríos que palpitan, dulces colinas y praderas y en el frío del sur tus pies terminan su geografía de oro duplicado. Amor, cuando te toco no sólo han recorrido mis manos tu delicia, sino ramas y tierras, frutas y agua, la primavera que amo, la luna del desierto, el pecho de la paloma salvaje, la suavidad de las piedras gastadas por las aguas del mar o de los ríos y la espesura roja del matorral en donde la sed y el hambre acechan. Y así mi patria extensa me recibe, pequeña América, en tu cuerpo. Aún más, cuando te veo recostada veo en tu piel, en tu color de avena, la nacionalidad de mi cariño. Porque desde tus hombros el cortador de caña de Cuba abrasadora me mira, lleno de sudor oscuro, y desde tu garganta pescadores que tiemblan en las húmedas casas de la orilla me cantan su secreto. Y así a lo largo de tu cuerpo, pequeña América adorada las tierras y los pueblos interrumpen mis besos y tu belleza entonces no sólo enciende el fuego que arde sin consumirse entre nosotros, sino que con tu amor me está llamando y a través de tu vida me está dando la vida que me falta y al sabor de tu amor se agrega el barro, el beso de la tierra que me aguarda.
Oda y Germinaciones
I
El sabor de tu boca y el color de tu piel, piel, boca, fruta mía de estos días veloces, dímelo, fueron sin cesar a tu lado por años y por viajes y por lunas y soles y tierra y llanto y lluvia y alegría o sólo ahora, sólo salen de tus raíces como a la tierra seca el agua trae germinaciones que no conocía o a los labios del cántaro olvidado sube en el agua el gusto de la tierra? No sé, no me lo digas, no lo sabes. Nadie sabe estas cosas. Pero acercando todos mis sentidos a la luz de tu piel, desapareces, te fundes como el ácido aroma de una fruta y el calor de un camino, el olor del maíz que se desgrana, la madreselva de la tarde pura, los nombres de la tierra polvorienta, el perfume infinito de la patria: magnolia y matorral, sangre y harina, galope de caballos, la luna polvorienta de la aldea, el pan recién nacido: ay todo de tu piel vuelve a mi boca, vuelve a mi corazón, vuelve a mi cuerpo, y vuelvo a ser contigo la tierra que tú eres: eres en mí profunda primavera: vuelvo a saber en ti cómo germino.
II
Años tuyos que yo debí sentir crecer cerca de mí como racimos hasta que hubieras visto cómo el sol y la tierra, a mis manos de piedra te hubieran destinado hasta que uva con uva hubieras hecho cantar en mis venas el vino. El viento o el caballo desviándose pudieron hacer que yo pasara por tu infancia, el mismo cielo has visto cada día, el mismo barro del invierno oscuro, la enramada sin fin de los ciruelos y su dulzura de color morado. Sólo algunos kilómetros de noche, las distancias mojadas de la aurora campestre, un puñado de tierra nos separó, los muros transparentes que no cruzamos, para que la vida, después, pusiera todos los mares y la tierra entre nosotros, y nos acercáramos a pesar del espacio, paso a paso buscándonos, de un océano a otro, hasta que vi que el cielo se incendiaba y volaba en la luz tu cabellera y llegaste a mis besos con el fuego de un desencadenado meteoro y al fundirte en mi sangre, la dulzura del ciruelo salvaje de nuestra infancia recibí en mi boca, y te apreté a mi pecho como si la tierra y la vida recobrara.
III
Mi muchacha salvaje, hemos tenido que recobrar el tiempo y marchar hacia atrás, en la distancia de nuestras vidas, beso a beso, recogiendo de un sitio lo que dimos sin alegría, descubriendo en otro el camino secreto que iba acercando tus pies a los míos, y así bajo mi boca vuelves a ver la planta insatisfecha de tu vida alargando sus raíces hacia mi corazón que te esperaba. Y una a una las noches entre nuestras ciudades separadas se agregan a la noche que nos une. La luz de cada día su llama o su reposo nos entregan, sacándolos del tiempo, y así se desentierra en la sombra o la luz nuestro tesoro, y así besan la vida nuestros besos: todo el amor en nuestro amor se encierra: toda la sed termina en nuestro abrazo. Aquí estamos al fin frente a frente, nos hemos encontrado, no hemos perdido nada. Nos hemos recorrido labio a labio, hemos cambiado mil veces, entre nosotros la muerte y la vida, todo lo que traíamos como muertas medallas lo echamos al fondo del mar, todo lo que aprendimos no nos sirvió de nada: comenzamos de nuevo, terminamos de nuevo muerte y vida. Y aquí sobrevivimos, puros, con la pureza que nosotros creamos, más anchos que la tierra que no pudo extraviarnos, eternos como el fuego que arderá cuanto dure la vida.
IV
Cuando he llegado aquí se detiene mi mano. Alguien pregunta: Dime por qué, como las olas en una misma costa, tus palabras sin cesar van y vuelven a su cuerpo? Ella es sólo la forma que tú amas? Y respondo: mis manos no se sacian en ella, mis besos no descansan, por qué retiraría las palabras que repiten la huella de su contacto amado, que se cierran guardando inútilmente como en la red el agua, la superficie y la temperatura de la ola más pura de la vida? Y, amor, tu cuerpo no sólo es la rosa que en la sombra o la luna se levanta o sorprendo o persigo. No sólo es movimiento o quemadura, acto de sangre o pétalo del fuego, sino que para mí tú me has traído mi territorio, el barro de mi infancia, las olas de la avena, la piel redonda de la fruta oscura que arranqué de la selva, aroma de maderas y manzanas, color de agua escondida donde caen frutos secretos y profundas hojas. Oh amor tu cuerpo sube como una línea pura de vasija desde la tierra que me reconoce y cuando te encontraron mis sentidos tú palpitaste como si cayeran dentro de ti la lluvia y las semillas! Ay que me digan cómo pudiera yo abolirte y dejar que mis manos sin tu forma arrancaran el fuego a mis palabras! Suave mía, reposa tu cuerpo en estas líneas que te deben más de lo que me das en tu contacto, vive en estas palabras y repite en ellas la dulzura y el incendio, estremécete en medio de sus sílabas, duerme en mi nombre como te has dormido sobre mi corazón, y así mañana el hueco de tu forma guardarán mis palabras y el que las oiga un día recibirá una ráfaga de trigo y amapolas: estará todavía respirando el cuerpo del amor sobre la tierra!
V
Hilo de trigo y agua de cristal o de fuego, la palabra y la noche, el trabajo y la ira, la sombra y la ternura todo lo has ido poco a poco cosiendo a mis bolsillos rotos y no sólo en la zona trepidante en que amor y martirio son gemelos como dos campanas de incendio, me esperaste, amor mío, sino en las más pequeñas obligaciones dulces. El aceite dorado de Italia hizo tu nimbo, santa de la cocina y la costura, y tu coquetería pequeñuela, que tanto se tardaba en el espejo, con tus manos que tienen pétalos que el jazmín envidiaría lavó los utensilios y mi ropa, desinfectó las llagas. Amor mío, a mi vida llegaste preparada como amapola y como guerrillera: de seda el esplendor que yo recorro con el hambre y la sed que sólo para ti traje a este mundo, y detrás de la seda la muchacha de hierro que luchará a mi lado. Amor, amor, aquí nos encontramos. Seda y metal, acércate a mi boca.
VI
Y porque Amor combate no sólo en su quemante agricultura, sino en la boca de hombres y mujeres, terminaré saliéndoles al camino a los que entre mi pecho y tu fragancia quieran interponer su planta oscura. De mí nada más malo te dirán, amor mío de lo que yo te dije. Yo viví en las praderas antes de conocerte y no esperé el amor sino que estuve acechando y salté sobre la rosa. Qué más pueden decirte? No soy bueno ni malo sino un hombre, y agregarán entonces el peligro de mi vida, que conoces y que con tu pasión has compartido. Y bien, este peligro es peligro de amor, de amor completo hacia toda la vida, hacia todas las vidas, y si este amor nos trae la muerte o las prisiones, yo estoy seguro que tus grandes ojos, como cuando los beso se cerrarán entonces con orgullo, con doble orgullo, amor, con tu orgullo y el mío. Pero hacia mis orejas vendrán antes a socavar la torre del amor dulce y duro que nos liga, y me dirán: “Aquella que tú amas, no es mujer para ti, por qué la quieres? Creo que podrías hallar una más bella, más seria, más profunda, más otra, tú me entiendes, mírala qué ligera, y qué cabeza tiene, y mírala cómo se viste y etcétera y etcétera”. Y yo en estas líneas digo: así te quiero, amor, amor, así te amo, así como te vistes y como se levanta tu cabellera y como tu boca se sonríe, ligera como el agua del manantial sobre las piedras puras, así te quiero amada. Al pan yo no le pido que me enseñe sino que no me falte durante cada día de la vida. Yo no sé nada de la luz, de dónde viene ni dónde va, yo sólo quiero que la luz alumbre, yo no pido a la noche explicaciones, yo la espero y me envuelve, y así tú, pan y luz y sombra eres. Has venido a mi vida con lo que tú traías, hecha de luz y pan y sombra te esperaba, y así te necesito, así te amo, y a cuantos quieran escuchar mañana lo que no les diré, que aquí lo lean, y retrocedan hoy porque es temprano para estos argumentos. Mañana sólo les daremos una hoja del árbol de nuestro amor, una hoja que caerá sobre la tierra como si la hubieran hecho nuestros labios, como un beso que cae desde nuestras alturas invencibles para mostrar el fuego y la ternura de un amor verdadero.
EPITALAMIO
Recuerdas cuando en invierno llegamos a la isla? El mar hacia nosotros levantaba una copa de frío. En las paredes las enredaderas susurraban dejando caer hojas oscuras a nuestro paso. Tú eras también una pequeña hoja que temblaba en mi pecho. El viento de la vida allí te puso. En un principio no te vi: no supe que ibas andando conmigo, hasta que tus raíces horadaron mi pecho, se unieron a los hilos de mi sangre, hablaron por mi boca, florecieron conmigo. Así fue tu presencia inadvertida, hoja o rama invisible y se pobló de pronto mi corazón de frutos y sonidos. Habitaste la casa que te esperaba oscura y encendiste las lámparas entonces. Recuerdas, amor mío, nuestros primeros pasos en la isla? Las piedras grises nos reconocieron, las rachas de la lluvia, los gritos del viento en la sombra. Pero fue el fuego nuestro único amigo, junto a él apretamos el dulce amor de invierno a cuatro brazos. El fuego vio crecer nuestro beso desnudo hasta tocar estrellas escondidas, y vio nacer y morir el dolor como una espada rota contra el amor invencible. Recuerdas, oh dormida en mi sombra, cómo de ti crecía el sueño, de tu pecho desnudo abierto con sus cúpulas gemelas hacia el mar, hacia el viento de la isla y cómo yo en tu sueño navegaba libre, en el mar y en el viento atado y sumergido sin embargo al volumen azul de tu dulzura? Oh dulce, dulce mía, cambió la primavera los muros de la isla. Apareció una flor como una gota de sangre anaranjada, y luego descargaron los colores todo su peso puro. El mar reconquistó su transparencia, la noche en el cielo destacó sus racimos y ya todas las cosas susurraron nuestro nombre de amor, piedra por piedra dijeron nuestro nombre y nuestro beso. La isla de piedra y musgo resonó en el secreto de sus grutas como en tu boca el canto, y la flor que nacía entre los intersticios de la piedra con su secreta sílaba dijo al pasar tu nombre de planta abrasadora, y la escarpada roca levantada como el muro del mundo reconoció mi canto, bienamada, y todas las cosas dijeron tu amor, mi amor, amada, porque la tierra, el tiempo, el mar, la isla, la vida la marea, el germen que entreabre sus labios en la tierra, la flor devoradora, el movimiento de la primavera, todo nos reconoce. Nuestro amor ha nacido fuera de las paredes, en el viento, en la noche, en la tierra, y por eso la arcilla y la corola, el barro y las raíces saben cómo te llamas, y saben que mi boca se juntó con la tuya porque en la tierra nos sembraron juntos sin que sólo nosotros lo supiéramos y que crecemos juntos y florecemos juntos y por eso cuando pasamos, tu nombre está en los pétalos de la rosa que crece en la piedra, mi nombre está en las grutas. Ellos todo lo saben, no tenemos secretos, hemos crecido juntos pero no lo sabíamos. El mar conoce nuestro amor, las piedras de la altura rocosa saben que nuestros besos florecieron con pureza infinita, cómo en sus intersticios una boca escarlata amanece: así conocen nuestro amor y el beso que reúne tu boca y la mía en una flor eterna. Amor mía, la primavera dulce, flor y mar, nos rodean. No la cambiamos por nuestro invierno, cuando el viento comenzó a descifrar tu nombre que hoy en todas las horas repite, cuando las hojas no sabían que tú eras una hoja, cuando las raíces no sabían que tú me buscabas en mi pecho. Amor, amor, la primavera nos ofrece el cielo, pero la tierra oscura es nuestro nombre, nuestro amor pertenece a todo el tiempo y la tierra. Amándonos, mi brazo bajo tu cuello de arena esperaremos cómo cambia la tierra y el tiempo en la isla, cómo caen las hojas de las enredaderas taciturnas, cómo se va el otoño por la ventana rota. Pero nosotros vamos a esperar a nuestro amigo, a nuestro amigo de ojos rojos, el fuego, cuando de nuevo el viento sacuda las fronteras de la isla y desconozca el nombre de todos, el invierno nos buscará, amor mío, siempre, nos buscará, porque lo conocemos, porque no lo tememos, porque tenemos con nosotros el fuego para siempre. Tenemos la tierra con nosotros para siempre, la primavera con nosotros para siempre, y cuando se desprenda de las enredaderas una hoja tú sabes amor mío, qué nombre viene escrito en esa hoja, un nombre que es el tuyo y es el mío, nuestro nombre de amor, un solo ser, la flecha que atravesó el invierno, el amor invencible, el fuego de los días, una hoja que me cayó en el pecho, yo una hoja del árbol de la vida que hizo nido y cantó que echó raíces, que dio flores y frutos. Y así ves, amor mío cómo marcho por la isla, por el mundo, seguro en medio de la primavera, loco de luz en el frío, andando tranquilo en el fuego, levantando tu peso de pétalo en mis brazos como si nunca hubiese caminado sino contigo alma mía, como si no supiera caminar sino contigo, corno si no supiera cantar sino cuando tú cantas.
La Carta en el Camino
Adiós, pero conmigo serás, irás adentro de una gota de sangre que circule en mis venas o fuera, beso que me abrasa el rostro o cinturón de fuego en mi cintura. Dulce mía, recibe el gran amor que salió de mi vida y que en ti no encontraba territorio como el explorador perdido en las islas del pan y de la miel. Yo te encontré después de la tormenta, la lluvia lavó el aire y en el agua tus dulces pies brillaron como peces. Adorada, me voy a mis combates. Arañaré la tierra para hacerte una cueva y allí tu Capitán te esperará con flores en el lecho. No pienses más, mi dulce, en el tormento que pasó entre nosotros como un rayo de fósforo dejándonos tal vez su quemadura. La paz llegó también porque regreso a luchar a mi tierra, y como tengo el corazón completo con la parte de sangre que me diste para siempre, y como llevo las manos llenas de tu ser desnudo, mírame, mírame, mírame por el mar, que voy radiante, mírame por la noche que navego, y mar y noche son los ojos tuyos. No he salido de ti cuando me alejo. Ahora voy a contarte: mi tierra será tuya, yo voy a conquistarla, no sólo para dártela, sino que para todos, para todo mi pueblo. Saldrá el ladrón de su torre algún día. Y el invasor será expulsado. Todos los frutos de la vida crecerán en mis manos acostumbrados antes a la pólvora. Y sabré acariciar las nuevas flores porque tú me enseñaste la ternura. Dulce mía, adorada, vendrás conmigo a luchar cuerpo a cuerpo porque en mi corazón viven tus besos como banderas rojas, y si caigo, no sólo me cubrirá la tierra sino este gran amor que me trajiste y que vivió circulando en mi sangre. Vendrás conmigo, en esa hora te espero, en esa hora y en todas las horas, en todas las horas te espero. Y cuando venga la tristeza que odio a golpear a tu puerta, dile que yo te espero y cuando la soledad quiera que cambies la sortija en que está mi nombre escrito, dile a la soledad que hable conmigo, que yo debí marcharme porque soy un soldado, y que allí donde estoy, bajo la lluvia o bajo el fuego, amor mío, te espero. Te espero en el desierto más duro Y junto al limonero florecido, en todas las partes donde esté la vida, donde la primavera está naciendo, amor mío, te espero. Cuando te digan: ‘Ese hombre no te quiere”, recuerda que mis pies están solos en esa noche, y buscan los dulce pequeños pies que adoro. Amor, cuando te digan que te olvidé, y aun cuando sea yo quien lo dice, cuando yo te lo diga, no me creas, quién y cómo podrían cortarte de mi pecho y quién recibiría mi sangre cuando hacia ti me fuera desangrando? Pero tampoco puedo olvidar a mi pueblo. Voy a luchar en cada calle, detrás de cada piedra. Tu amor también me ayuda: es una flor cerrada que cada vez me llena con su aroma y que se abre de pronto dentro de mí como una gran estrella. Amor mío, es de noche. El agua negra, el mundo dormido, me rodean. Vendrá luego la aurora, y yo mientras tanto te escribo para decirte: “Te amo’. Para decirte “Te amo , cuida, limpia, levanta, defiende nuestro amor, alma mía. Yo te lo dejo como si dejara Un puñado de tierra con semillas. De nuestro amor nacerán vidas. En nuestro amor beberán agua. Tal vez llegará un día en que un hombre y una mujer, iguales a nosotros, tocarán este amor y aún tendrá fuerza para quemar las manos que lo toquen. Quiénes fuimos? Qué importa? Tocarán este fuego y el fuego, dulce mía, dirá tu simple nombre y el mío, el nombre que tú sola supiste porque tú sola sobre la tierra sabes quién soy, y porque nadie me conoció como una, como una sola de tus manos, porque nadie supo cómo, ni cuándo mi corazón estuvo ardiendo: tan sólo tus grandes ojos pardos lo supieron, tu ancha boca, tu piel, tus pechos, tu vientre, tus entrañas y el alma tuya que yo desperté para que se quedara cantando hasta el fin de la vida. Amor, te espero. Adiós, amor, te espero. Amor, amor, te espero. Y así esta carta se termina sin ninguna tristeza: están firmes mis pies sobre la tierra, mi mano escribe esta carta en el camino, y en medio de la vida estaré siempre junto al amigo, frente al enemigo, con tu nombre en la boca y un beso que jamás se apartó de la tuya.
FIN
fuente :http://amigos.com
CONTADORWAP
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LETRA DE HOTEL CALIFORNIA
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Oct 3, 2009 10:16 pm
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 HOTEL CALIFORNIA
EN UNA AUTOPISTA DESIERTA Y OSCURA VIENTO FRESCO EN MI CABELLO CÁLIDO OLOR DE COLITAS [EL CABELLO DE ELLA] LEVANTÁNDOSE A TRAVÉS DEL AIRE
MÁS ADELANTE EN LA DISTANCIA VÍ UNA LUZ BRILLANTE MI CABEZA SE PONÍA PESADA, Y MI VISTA OSCURECÍA TENÍA QUE PARAR POR LA NOCHE
ALLÁ ELLA SE PARÓ EN LA ENTRADA ESCUCHÉ LA CAMPANILLA [PARA LLAMAR AL SERVICIO?] Y ESTABA PENSANDO PARA MIS ADENTROS ESTO PODRÍA SER EL CIELO O EL INFIERNO
LUEGO ELLA PRENDIÓ UNA VELA Y ME MOSTRÓ EL CAMINO HABÍA VOCES POR EL CORREDOR CREÍ QUE LAS ESCUCHÉ DECIR
BIENVENIDOS AL HOTEL CALIFORNIA QUÉ HERMOSO LUGAR (QUÉ HERMOSO LUGAR) QUÉ HERMOSA FACHADA
LLENO DE CUARTOS EN EL HOTEL CALIFORNIA EN CUALQUIER ÉPOCA DEL AÑO (EN CUALQUIER ÉPOCA DEL AÑ PUEDES ENCONTRARLO AQUÍ
ELLA SE ENLOQUECIÓ CONSIGUIÓ EL MERCEDEZ BENZ® CONSIGUIÓ MUCHOS CHICOS BONITOS A LOS QUE LLAMÓ “AMIGOS” CÓMO ELLOS BAILAN EN EL PATIO DULCE SUDOR DE VERANO Letras4U.com » letras traducidas al español ALGUNOS BAILAN PARA RECORDAR ALGUNOS BAILAN PARA OLVIDAR
ENTONCES LLAMÉ AL CAPITÁN POR FAVOR TRÁIGAME MI VINO, Y EL DIJO NOSOTROS NO HEMOS TENIDO ESE LICOR DESDE 1969 Y TODAVÍA ESAS VOCES LLAMAN DESDE LO LEJOS TE DESPIERTAN EN LA MITAD DE LA NOCHE SOLO PARA ESCUCHARLAS DECIR
BIENVENIDOS AL HOTEL CALIFORNIA QUÉ LUGAR TAN ENCANTADOR (QUÉ LUGAR TAN ENCANTADOR) QUÉ HERMOSA FACHADA ELLOS LO ESTÁN VIVIENDO EN EL HOTEL CALIFORNIA QUÉ AGRADABLE SORPRESA (QUÉ AGRADABLE SORPRESA) TRAE TUS EXCUSAS [ALIBIES SON LAS PRUEBAS DE QUE UNO NO ESTUVO EN LA ESCENA DEL CRIMEN CUANDO FUE COMETIDO]
ESPEJOS EN EL TECHO DIBUJO[?] DE CHAMPAÑA EN HIELO, Y ELLA DIJO NOSOTROS AQUÍ SOMOS VÍCTIMAS DE NUESTRO PROPIO INVENTO Y EN LA RECÁMARA DEL MAESTRO ELLOS SE REUNIERON PARA EL FESTÍN LA CORTABAN CON SUS CUCHILLOS DE ACERO PERO SIMPLEMENTE NO PODÍAN MATAR LA BESTIA
LO ÚLTIMO QUE RECUERDO ESTABA CORRIENDO HACIA LA PUERTA TENÍA QUE ENCONTRAR EL PASADIZO HACIA EL LUGAR DONDE ESTABA ANTES ´RELÁJESE´, DIJO EL HOMBRE DE LA NOCHE ESTAMOS PROGRAMADOS PARA RECIBIR PUEDES INTENTAR EN EL MOMENTO QUE QUIERAS PERO NUNCA TE PODRÁS IR
“ERES Y SERÁS POR SIEMPRE REPETICIÓN INAGOTABLE SOBRE MI PIEL” JEM WONG 30-09-2009
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SELECCIÓN DE POEMAS DE : Juana de Ibarbourou
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Oct 3, 2009 10:12 pm
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 SELECCIÓN DE POEMAS DE : Juana de Ibarbourou
Reseña biográfica Poeta uruguaya nacida en Melo en 1892. Desde muy joven empezó a publicar los primeros poemas bajo el seudónimo de Juanita de Ybar, los cuales fueron compilados en su primer libro, «Lenguas de Diamante», obra que la lanzó a la más resonante fama. Su estilo inicial fue apasionado y sensual dentro de la órbita modernista, vinculándose luego al vanguardismo. Su verso, con el paso del tiempo, ganó serenidad y melancolía, haciéndola alcanzar el Premio Nacional de Literatura en 1959. Falleció en 1979.
Amémonos
Bajo las alas rosa de este laurel florido, amémonos. El viejo y eterno lampadario de la luna ha encendido su fulgor milenario y este rincón de hierba tiene calor de nido.
Amémonos. Acaso haya un fauno escondido junto al tronco del dulce laurel hospitalario y llore al encontrarse sin amor, solitario, mirando nuestro idilio frente al prado dormido.
Amémonos. La noche clara, aromosa y mística tiene no sé qué suave dulzura cabalística. Somos grandes y solos sobre el haz de los campos
y se aman las luciérnagas entre nuestros cabellos, con estremecimientos breves como destellos de vagas esmeraldas y extraños crisolampos.
Amor
El amor es fragante como un ramo de rosas. Amando, se poseen todas las primaveras. Eros trae en su aljaba las flores olorosas de todas las umbrías y todas las praderas.
Cuando viene a mi lecho trae aroma de esteros, de salvajes corolas y tréboles jugosos. ¡Efluvios ardorosos de nidos de jilgueros, ocultos en los gajos de los ceibos frondosos!
¡Toda mi joven carne se impregna de esa esencia! Perfume de floridas y agrestes primaveras queda en mi piel morena de ardiente transparencia
perfumes de retamas, de lirios y glicinas. Amor llega a mi lecho cruzando largas eras y unge mi piel de frescas esencias campesinas.
Así es la rosa
De la matriz del día se alzó la rosa vertical y blanca mientras todo rugía: la tierra, el aire, el agua.
Tendí la mano para protegerla, criatura de paz y de armonía, completa, virgen, intocable, exacta en la extensión total del mediodía.
Y me llevó el brazo la metralla. Impávida seguía en su serenidad y su victoria, aunque en mi sangre la embebía.
Ni mi alarido hizo temblar sus pétalos ni apagó su fragancia mi agonía. Era la rosa, la perfecta y única. Nada la detenía.
Bajo la lluvia
¡Cómo resbala el agua por mi espalda! ¡Cómo moja mi falda, y pone en mis mejillas su frescura de nieve! Llueve, llueve, llueve, y voy, senda adelante, con el alma ligera y la cara radiante, sin sentir, sin soñar, llena de la voluptuosidad de no pensar.
Un pájaro se baña en una charca turbia. Mi presencia le extraña, se detiene… me mira… nos sentimos amigos… ¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos! Después es el asombro de un labriego que pasa con su azada al hombro y la lluvia me cubre de todas las fragancias de los setos de octubre. Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado como un maravilloso y estupendo tocado de gotas cristalinas, de flores deshojadas que vuelcan a mi paso las plantas asombradas. Y siento, en la vacuidad del cerebro sin sueño, la voluptuosidad del placer infinito, dulce y desconocido, de un minuto de olvido. Llueve, llueve, llueve, y tengo en alma y carne, como un frescor de nieve.
Como la primavera
Como un ala negra tendí mis cabellos sobre tus rodillas. Cerrando los ojos su olor aspiraste diciéndome luego: -¿Duermes sobre piedras cubiertas de musgos? ¿Con ramas de sauces te atas las trenzas? ¿Tu almohada es de trébol? ¿Las tienes tan negras porque acaso en ellas exprimiste un zumo retinto y espeso de moras silvestres?
¡Qué fresca y extraña fragancia te envuelve! Hueles a arroyuelos, a tierra y a selvas. ¿Qué perfume usas? Y riendo le dije: -¡Ninguno, ninguno! Te amo y soy joven, huelo a primavera.
Este olor que sientes es de carne firme, de mejillas claras y de sangre nueva. ¡Te quiero y soy joven, por eso es que tengo las mismas fragancias de la primavera!
Cual la muerte de Lot
Un perfume de amor me acompañaba. Volvía hacia la aldea de la cita, bajo la paz suprema e infinita que el ocaso en el campo destilaba.
En mis labios ardientes aleteaba la caricia final, pura y bendita, y era como una alegre Sulamita que a su lar, entre trigos regresaba.
Y al llegar a un recodo del camino tras el cual queda oculto ya el molino, el puente y la represa bullidora,
volví atrás la cabeza un breve instante, y bajo el tilo en flor, ¡vi a mi amante que besaba en la sien a una pastora!
Como una sola flor desesperada
Lo quiero con la sangre, con el hueso, con el ojo que mira y el aliento, con la frente que inclina el pensamiento, con este corazón caliente y preso,
y con el sueño fatalmente obseso de este amor que me copa el sentimiento, desde la breve risa hasta el lamento, desde la herida bruja hasta su beso.
Mi vida es de tu vida tributaria, ya te parezca tumulto, o solitaria, como una sola flor desesperada.
Depende de él como del leño duro la orquídea, o cual la hiedra sobre el muro, que solo en él respira levantada.
Despecho
¡Ah, que estoy cansada! Me he reído tanto, tanto, que a mis ojos ha asomado el llanto; tanto, que este rictus que contrae mi boca es un rastro extraño de mi risa loca.
Tanto, que esta intensa palidez que tengo (como en los retratos de viejo abolengo), es por la fatiga de la loca risa que en todos mis nervios su sopor desliza.
¡Ah, que estoy cansada! Déjame que duerma, pues como la angustia, la alegría enferma. ¡Qué rara ocurrencia decir que estoy triste! ¿Cuándo más alegre que ahora me viste?
¡Mentira! No tengo ni dudas, ni celos, ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni anhelos. Si brilla en mis ojos la humedad del llanto, es por el esfuerzo de reírme tanto…
El fuerte lazo
Crecí para ti. Tálame. Mi acacia implora a tus manos su golpe de gracia.
Florí para ti. Córtame. Mi lirio al nacer dudaba ser flor o ser cirio.
Fluí para ti. Bébeme. El cristal envidia lo claro de mi manantial.
Alas di por ti. Cázame. Falena, rodeé tu llama de impaciencia llena.
Por ti sufriré. ¡Bendito sea el daño que tu amor me dé! ¡Bendita sea el hacha, bendita la red, y loadas sean tijeras y sed!
Sangre del costado manaré, mi amado. ¿Qué broche más bello, qué joya más grata, que por ti una llaga color escarlata?
En vez de abalorios para mis cabellos siete espinas largas hundiré entre ellos. Y en vez de zarcillos pondré en mis orejas, como dos rubíes, dos ascuas bermejas.
Me verás reír viéndome sufrir. Y tú llorarás. Y entonces… ¡más mío que nunca serás!
Estío
Cantar del agua del río. Cantar continuo y sonoro, arriba bosque sombrío y abajo arenas de oro.
Cantar… de alondra escondida entre el oscuro pinar.
Cantar… del viento en las ramas floridas del retamar.
Cantar… de abejas ante el repleto tesoro del colmenar.
Cantar… de la joven tahonera que al río viene a lavar.
Y cantar, cantar, cantar de mi alma embriagada y loca bajo la lumbre solar.
Fusión
Mi alma en torno a tu alma se ha hecho un nudo apretado y sombrío.
Cada vuelta del lazo sobre humano se hace raíz, para afianzarse hondo, y es un abrazo inacabable y largo que ni la muerte romperá. ¿No sientes cómo me nutro de tu misma sombra?
Mi raíz se ha trenzado a tus raíces y cuando quieras desatar el nudo, sentirás que te duele en carne viva y que en mi herida brota sangre tuya.!
Y con tus manos curarás la llaga ¡y ceñirás más apretado el nudo!
Hora morada
¿Qué azul me queda?
¿En qué oro y en qué rosa me detengo, qué dicha se hace miel entre mi boca o qué río me canta frente al pecho?
Es la hora de la hiel, la hora morada en que el pasado, como un fruto acedo, sólo me da su raso deslucido y una confusa sensación de miedo.
Se me acerca la tierra del descanso final, bajo los árboles erectos, los cipreses aquellos que he cantado y veo ahora en guardia de los muertos.
Amé, ay Dios, amé a hombres y bestias y sólo tengo la lealtad del perro que aún vigila a mi lado mis insomnios con sus ojos tan dulces y tan buenos.
Implacable
Y te di el olor de todas mis dalias y nardos en flor.
Y te di el tesoro, de las ondas minas de mis sueños de oro.
Y te di la miel, del panal moreno que finge mi piel.
¡Y todo te di! Y como una fuente generosa y viva para tu alma fui.
¡Y tú, dios de piedra entre cuyas manos ni la yedra medra;
y tú, dios de hierro, ante cuyas plantas velé como un perro,
desdeñaste el oro, la miel y el olor. ¡ Y ahora retornas, mendigo de amor,
a buscar las dalias, a implorar el oro, a pedir de nuevo todo aquel tesoro!
Oye, pordiosero: ahora que tú quieres es que yo no quiero.
Si el rosal florece, es ya para otro que en capullos crece.
Vete, dios de piedra, sin fuentes, sin dalias, sin mieles, sin yedra, igual que una estatua, a quien Dios bajara del plinto, por fatua.
¡Vete, dios de hierro, que junto a otras plantas se ha tendido el perro!
La cita
Me he ceñido toda con un manto negro. Estoy toda pálida, la mirada extática. Y en los ojos tengo partida una estrella. ¡Dos triángulos rojos en mi faz hierática!
Ya ves que no luzco siquiera una joya, ni un lazo rosado, ni un ramo de dalias. Y hasta me he quitado las hebillas ricas de las correhuelas de mis dos sandalias.
Mas soy esta noche, sin oros ni sedas, esbelta y morena como un lirio vivo. Y estoy toda ungida de esencias de nardos, y soy toda suave bajo el manto esquivo.
Y en mi boca pálida florece ya el trémulo clavel de mi beso que aguarda tu boca. Y a mis manos largas se enrosca el deseo como una invisible serpentina loca.
¡Descíñeme, amante! ¡Descíñeme, amante! Bajo tu mirada surgiré como una estatua vibrante sobre un plinto negro hasta el que se arrastra, como un can, la luna.
La enredadera
Por el molino del huerto asciende una enredadera.
El esqueleto de hierro va a tener un chal de seda
ahora verde, azul más tarde cuando llegue el mes de Enero
y se abran las campanillas como puñados de cielo.
Alma mía: ¡quién pudiera Vestirte de enredadera!
La espera
¡Oh lino, madura, que quiero tejer sábanas del lecho donde dormirá mi amante, que pronto, pronto tornará (Con la primavera tiene que volver.)
¡Oh rosa, tu prieto capullo despliega! Has de ser el pomo que arome su estancia. Concentra colores, recoge fragancia, dilata tus poros, que mi amante llega.
Trabaré con grillo de oro sus piernas, cadenas livianas del más limpio acero, encargué con prisa, con prisa al herrero Amor, que las hace brillantes y eternas.
Y sembré amapolas en toda la huerta. ¡Que nunca recuerde caminos ni sendas! Fatiga: en sus nervios aprieta tus vendas. Molicie: sé el perro que guarde la puerta.
La higuera
Porque es áspera y fea, porque todas sus ramas son grises yo le tengo piedad a la higuera.
En mi quinta hay cien árboles bellos, ciruelos redondos, limoneros rectos y naranjos de brotes lustrosos.
En las primaveras todos ellos se cubren de flores en torno a la higuera. Y la pobre parece tan triste con sus gajos torcidos, que nunca de apretados capullos se viste…
Por eso, cada vez que yo paso a su lado digo, procurando hacer dulce y alegre mi acento: “Es la higuera el mas bello de los árboles todos del huerto”.
Si ella escucha, si comprende el idioma en que hablo, ¡Que dulzura tan honda hará nido en su alma sensible de árbol!
Y tal vez, a la noche, cuando el viento abanique su copa, embriagada de gozo le cuente: “Hoy a mí me dijeron hermosa”.
La hora
Tómame ahora que aún es temprano y que llevo dalias nuevas en la mano. Tómame ahora que aún es sombría esta taciturna cabellera mía.
Ahora , que tengo la carne olorosa, y los ojos limpios y la piel de rosa. Ahora que calza mi planta ligera la sandalia viva de la primavera
Ahora que en mis labios repica la risa como una campana sacudida a prisa. Después…¡oh, yo sé que nada de eso más tarde tendré!
Que entonces inútil será tu deseo como ofrenda puesta sobre un mausoleo. ¡Tómame ahora que aún es temprano y que tengo rica de nardos la mano!
Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca y se vuelva mustia la corola fresca. hoy, y no mañana. Oh amante, ¿no ves que la enredadera crecerá ciprés?
La inquietud fugaz
He mordido manzanas y he besado tus labios. Me he abrazado a los pinos olorosos y negros. Hundí, inquieta, mis manos en el agua que corre. He huroneado en la selva milenaria de cedros que cruza la pradera como una serpie grave, y he corrido por todos los pedrosos caminos que ciñen como fajas la ventruda montaña.
¡Oh amado, no te irrites por mi inquietud sin tregua! ¡Oh amado, no me riñas porque cante y me ría! Ha de llegar un día en que he de estarme quieta, ¡ay, por siempre, por siempre! con las manos cruzadas y apagados los ojos; con los oídos sordos y con la boca muda, y los pies andariegos en reposo perpetuo sobre la tierra negra. ¡Y estará roto el vaso de cristal de mi risa En la grieta obstinada de mis labios cerrados!
Entonces, aunque digas: -¡Anda!, ya no andaré. Y aunque me digas: -¡Canta!, no volveré a cantar. Me iré desmenuzando en quietud y en silencio bajo la tierra negra, mientras encima mío se oirá zumbar la vida como una abeja ebria.
¡Oh, déjame que guste el dulzor del momento fugitivo e inquieto!
¡Oh, deja que la rosa desnuda de mi boca se te oprima a los labios!
Después será ceniza sobre la tierra negra.
La pequeña llama
Yo siento por la luz un amor de salvaje. Cada pequeña llama me encanta y sobrecoge; ¿no será, cada lumbre, un cáliz que recoge el calor de las almas que pasan en su viaje?
Hay unas pequeñitas, azules, temblorosas, lo mismo que las almas taciturnas y buenas. Hay otras casi blancas: fulgores de azucenas. Hay otras casi rojas: espíritus de rosas.
Yo respeto y adoro la luz como si fuera una cosa que vive, que siente, que medita, un ser que nos contempla transformado en hoguera.
Así, cuando yo muera, he de ser a tu lado una pequeña llama de dulzura infinita para tus largas noches de amante desolado.
La promesa
¡Todo el oro del mundo parecía diluido en la tarde luminosa! Apenas un crepúsculo de rosa la copa de los árboles teñía.
Un imprevisto amor, mi mano unía a tu mano, morena y temblorosa. ¡Éramos Booz y Ruth ante la hermosa era que circundaba la alquería!
-¿Me amarás?- murmuraste. Lenta y grave vibró en mis labios la promesa suave de la dulce, la amable moabita.
Y fue como un ¡amén! en ese instante el toque de oración que alzó vibrante la rítmica campana de la ermita.
La sed
Tu beso fue en mis labios de un dulzor refrescante. Sensación de agua viva y moras negras me dio tu boca amante.
Cansada me acosté sobre los pastos con tu brazo tendido, por apoyo. Y me cayó tu beso entre los labios, como un fruto maduro de la selva o un lavado guijarro del arroyo.
Tengo sed otra vez, amado mío. Dame tu beso fresco tal como una piedrezuela del río.
La tarde
He bebido del chorro cándido de la fuente. Traigo los labios frescos y la cara mojada. Mi boca hoy tiene toda la estupenda dulzura de una rosa jugosa, nueva y recién cortada.
El cielo ostenta una limpidez de diamante. Estoy ebria de tarde, de viento y primavera. ¿No sientes en mis trenzas olor a trigo ondeante? ¿No me hallas hoy flexible como una enredadera?
Elástica de gozo como un gamo he corrido por todos los ceñudos senderos de la sierra. Y el galgo cazador que es mI guía, rendido, se ha acostado a mis pies, largo a largo, en la tierra.
¡Ah, qué inmensa fatiga me derriba en la grama Y abate en tus rodillas mi cabeza morena, mientras que de una iglesia campesina y lejana nos llega un lento y grave llamado de novena!
Lacería
No codicies mi boca. Mi boca es de ceniza y es un hueco sonido de campanas mi risa.
No me oprimas las manos. Son de polvo mis manos, y al estrecharlas tocas comida de gusanos.
No trences mis cabellos. Mis cabellos son tierra con la que han de nutrirse las plantas de la sierra.
No acaricies mis senos. Son de greda los senos que te empeñas en ver como lirios morenos.
¿Y aún me quieres, amado? ¿Y aún mi cuerpo pretendes y, largas de deseo, las manos a mí tiendes?
¿Aún codicias, amado, la carne mentirosa que es ceniza y se cubre de apariencias de rosa?
Bien, tómame. ¡Oh laceria! ¡Polvo que busca al polvo sin sentir su miseria!
Las cuatro alas de abeja
He vuelto de la cita con cuatro alas de abejas prendidas en los labios. Cuatro alas de abejas doradas y bermejas.
Milagro como el de la barba de Dionisos, el dios de acento dulce! La barba de Dionisos que tenía cuatro alas de abeja en vez de rizos.
Tus labios en mis labios derramaron su miel y brotaron las alas. Derramaron su miel y tuve las dulzuras de un panal en la piel.
No riáis. Las cuatro alas de abeja no se ven. Mas las siento en la boca. Las alas no se ven, mas a veces, ¡prodigio!, vibran hasta en mi sien.
Y más adentro aún. Las dulces alas vibran hasta en mi corazón. Las dulces alas vibran y a mi alma de toda angustia y pena libran.
Mas si un día dejaran de aletear y zumbar… si se hicieran ceniza… Si cesara el zumbar de las alas que hiciste en mis labios brotar…
¡Qué tristeza de muerte! ¡Qué alas negras de queja brotarían entonces! ¡Qué alas negras de queja en lugar de las alas transparentes de abeja!
Las lenguas de diamante
Bajo la luna llena, que es una oblea de cobre, vagamos taciturnos en un éxtasis vago, como sombras delgadas que se deslizan sobre las arenas de bronce de la orilla del lago.
Silencio en nuestros labios una rosa ha florido. ¡Oh, si a mi amante vencen tentaciones de hablar!, la corola, deshecha, como un pájaro herido, caerá, rompiendo el suave misterio sublunar.
¡Oh dioses, que no hable! ¡Con la venda más fuerte que tengáis en las manos, su acento sofocad! ¡Y si es preciso, el manto de piedra de la muerte para formar la venda de su boca, rasgad!
Yo no quiero que hable. Yo no quiero que hable. Sobre el silencio éste, ¡qué ofensa la palabra! ¡Oh lengua de ceniza! ¡Oh lengua miserable, no intentes que ahora el sello de mis labios te abra!
¡Bajo la luna-cobre, taciturnos amantes, con los ojos gimamos, con los ojos hablemos. Serán nuestras pupilas dos lenguas de diamantes movidas por la magia de diálogos supremos.
Lo que soy para ti
Cierva, que come en tus manos la olorosa hierba.
Can que sigue tus pasos doquiera que van.
Estrella para ti doblada de sol y centella.
Fuente que a tus pies ondula como una serpiente.
Flor que para ti solo da mieles y olor.
Todo eso yo soy para ti, mi alma en todas sus formas te di. Cierva y can, astro y flor, agua viva que glisa a tus pies, Mi alma es para ti, Amor.
Melancolía
La sutil hilandera teje su encaje oscuro con ansiedad extraña, con paciencia amorosa. ¡Qué prodigio si fuera hecho de lino puro y fuera, en vez de negra la araña, color rosa!
En un rincón del huerto aromoso y sombrío la velluda hilandera teje su tela leve. En ella sus diamantes suspenderá el rocío y la amarán la luna, el alba, el sol, la nieve.
Amiga araña: hilo cual tú mi velo de oro y en medio del silencio mis joyas elaboro. Nos une, pues, la angustia de un idéntico afán.
Mas pagan tu desvelo la luna y el rocío. ¡Dios sabe, amiga araña, qué hallaré por el mío! ¡Dios sabe, amiga araña, qué premio me darán!
Millonarios
Tómame de la mano. Vámonos a la lluvia descalzos y ligeros de ropa, sin paraguas, con el cabello al viento y el cuerpo a la caricia oblicua, refrescante y menuda, del agua.
¡Que rían los vecinos! Puesto que somos jóvenes y los dos nos amamos y nos gusta la lluvia, vamos a ser felices con el gozo sencillo de un casal de gorriones que en la vía se arrulla.
Más allá están los campos y el camino de acacias y la quinta suntuosa de aquel pobre señor millonario y obeso, que con todos sus oros,
no podría comprarnos ni un gramo del tesoro inefable y supremo que nos ha dado Dios: ser flexibles, ser jóvenes, estar llenos de amor.
Noche de lluvia
Llueve… Espera, no duermas, estáte atento a lo que dice el viento y a lo que dice el agua que golpea con sus dedos menudos en los vidrios.
¡Cómo estará de alegre el trigo ondeante! ¡Con qué avidez se esponjará la hierba! ¡Cuántos diamantes colgarán ahora del ramaje profundo de los pinos!
Espera, no te duermas. Escuchemos el ritmo de la lluvia. Apoya entre mis senos tu frente taciturna. Yo sentiré el latir de tus dos sienes palpitantes y tibias, como si fueran dos martillos vivos que golpearan mi carne.
Espera, no te duermas. Esta noche somos los dos un mundo, aislado por el viento y por la lluvia entre la cuenca tibia de una alcoba.
Espera, no te duermas. Esta noche somos acaso la raíz suprema de donde debe germinar mañana el tronco bello de una raza nueva.
Panteísmo
Siento un acre placer en tenderme en la tierra, bajo el sol matutino tibia como una cama. Bajo mi cuerpo, ¡cuánta vida mi vientre encierra! ¡Quién sabe qué diamante esconde aquí su llama!
¡Quién sabe qué tesoro, dentro de una mirada, surgirá de este mismo lugar donde reposo, si será el oro vivo de una era sembrada, o la viva esmeralda de algún árbol frondoso!
¡Quién sabe qué estupenda y dorada simiente ha de brotar ahora bajo mi cuerpo ardiente! Futuro pebetero que esparcirá a los vientos, en las noches de estío, claras y rumorosas, el calor de mi carne hecho aroma de rosas, fragancia de azucenas, y olor de pensamientos.
Raíz salvaje
Me ha quedado clavada en los ojos la visión de ese carro de trigo que cruzó rechinante y pesado sembrando de espigas el recto camino.
¡No pretendas ahora que ría! ¡Tu no sabes en qué hondos recuerdos estoy abstraída!
Desde el fondo del alma me sube un sabor de pitanga a los labios. Tiene aún mi epidermis morena no sé que fragancias de trigo emparvado.
¡Ay, quisiera llevarte conmigo a dormir una noche en el campo y en tus brazos pasar hasta el día bajo el techo alocado de un árbol!
Soy la misma muchacha salvaje que hace años trajiste a tu lado.
Rebelde
Caronte: yo seré un escándalo en tu barca. Mientras las otras sombras recen, giman o lloren, y bajo tus miradas de siniestro patriarca las tímidas y tristes, en bajo acento, oren,
Yo iré como una alondra cantando por el río y llevaré a tu barca mi perfume salvaje, e irradiaré en las ondas del arroyo sombrío como una azul linterna que alumbrara en el viaje.
Por más que tú no quieras, por más guiños siniestros que me hagan tus dos ojos, en el terror maestros, Caronte, yo en tu barca seré como un escándalo.
Y extenuada de sombra, de valor y de frío, cuando quieras dejarme a la orilla del río me bajarán tus brazos cual conquista de vándalo.
Regreso
¿En qué silente cinturón de espuma se oculta ahora la promesa yerta? ¿Tras de qué muro o entornada puerta gime mi mundo?
¿Qué hora, qué mañana entre tumultos de sol y risa, ya de cara al gozo, me traerá su jazmín más primoroso con la sortija mágica del rumbo?
Se quemó mi laurel entre la fiebre, la palma fiel perdió su airón de fuego. Ya sólo soy raíz, rígido ruego, vástago de espiral lenta y endeble.
Pero yo me he de alzar del pudridero, volveré a mi esplendor de carne y canto, blanca y bruñida por mi propio llanto, viva, de nuevo.
Reconquista
No sé de donde regresó el anhelo De volver a cantar como en el tiempo en que tenía entre mi puño el cielo Y con una perla azul el pensamiento.
De una enlutada nube, la centella, Súbito pez, hendió la noche cálida Y en mí se abrió de nuevo la crisálida Del verso alado y su bruñida estrella.
Ahora ya es el hino centelleante Que alza hasta Dios la ofrenda poderosa De su bruñida lanza de diamante.
Unidad de la luz sobre la rosa. Y otra vez la conquista alucinante De la eterna poesía victoriosa.
Salvaje
Bebo el agua limpia y clara del arroyo y vago por los campos teniendo por apoyo un gajo de algarrobo liso, fuerte y pulido que en sus ramas sostuvo la dulzura de un nido.
Así paso los días, morena y descuidada, sobre la suave alfombra de la grama aromada. Comiendo de la carne jugosa de las fresas o en busca de fragantes racimos de frambuesas.
Mi cuerpo está impregnado del aroma ardoroso de los pastos maduros. Mi cabello sombroso esparce, al destrenzarlo, olor a sol y a heno, a savia, a yerbabuena y a flores de centeno.
¡Soy libre, sana, alegre, juvenil y morena, cual si fuera la diosa del trigo y de la avena! ¡Soy casta como Diana y huelo a hierba clara nacida en la mañana!
¿Sueño?
¡Beso que ha mordido mi carne y mi boca con su mordedura que hasta el alma toca! ¡Beso que me sorbe lentamente vida como una incurable y ardorosa herida!
¡Fuego que me quema sin mostrar la llama y que a todas horas por más fuego clama! ¿Fue una boca bruja o un labio hechizado el que con su beso mi alma ha llagado?
¿Fue un sueño o vigilia que hasta mí llegó el que entre sus labios mi alma estrujó? Calzaré sandalias de bronce e iré
a donde esté el mago que cura me dé. ¡Secadme esta llaga, vendadme esta herida que por ella en fuga se me va la vida!
Supremo triunfo
Estoy ahora impregnada toda yo de dulzura. Desde que me besaste, toda yo soy amor. Y en la vida y la muerte, en lecho y sepultura, ya no seré otra cosa que amor, amor, amor….
En la carne y el alma, en la sombra y los huesos, ya no tendré más nunca otro olor y sabor, que el sabor y el perfume que he absorbido a tus besos; me has dado una fragancia, tersa y viva, de flor.
Hasta el último átomo de mi piel es aroma, ¡oh mortal podredumbre, te he vencido talvez! Eres mi hermano , ¡Oh lirio! Eres mi hermana ¡oh poma! Desde que él me besara, rosa mi cuerpo es.
Te doy mi alma desnuda…
Te doy mi alma desnuda, como estatua a la cual ningún cendal escuda.
Desnuda como el puro impudor de un fruto, de una estrella o una flor;
de todas esas cosas que tienen la infinita serenidad de Eva antes de ser maldita.
De todas esas cosas, frutos, astros y rosas.
Que no sienten vergüenza del sexo sin celajes y a quienes nadie osara fabricarles ropajes.
¡Sin velos, como el cuerpo de una diosa serena que tuviera una intensa blancura de azucena!
¡Desnuda, y toda abierta de par en par por el ansia de amar!
«Toilette» suprema
Bajo el encanto sombrío de la tarde de tormenta hay trazos de luz violenta en la amatista del río. Y siento la tentación de hundir mi cuerpo en la oscura agua quieta que fulgura bajo el cielo de crespón.
Intensa coquetería del contraste con la onda que hará mi carne más blonda entre su gasa sombría. Rara y divina «toalé« que en la penumbra amatista dará una gracia imprevista a mi cuerpo rosa-té.
Ninguna tela más bella En su pliegue ha de envolverme. ¡Nunca tornarás a verme Con tal blancura de estrella! Jamás caprichoso azar ha dado, a ninguna amante, un lecho más fulgurante bajo el amado mirar.
Deja que el río me vista con sus largos pliegues lilas, y guarda en tus dos pupilas, junto al fondo de amatista, la visión loca y suprema de mi cuerpo embellecido por el oscuro vestido y la sombría diadema.
Vida aldeana
Iremos por los campos, de la mano, a través de los bosques y los trigos, entre rebaños cándidos y amigos, sobre la verde placidez del llano,
para comer el fruto dulce y sano de las rústicas vides y los higos que coronan las tunas. Como amigos partiremos el pan, la leche, el grano.
Y en las mágicas noches estrelladas, bajo la calma azul, entrelazadas las manos, y los labios temblorosos,
renovaremos nuestro muerto idilio, y será como un verso de Virgilio vivido ante los astros luminosos.
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QUÉ HAY DETRÁS DEL SILENCIO POR FANNY JEM WONG
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Oct 3, 2009 10:09 pm
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 QUÉ HAY DETRÁS DEL SILENCIO POR FANNY JEM WONG
QUÉ HAY DETRÁS DEL SILENCIO
Silencio…
Inconmensurable
nebulosa oscura
Escondes bajo tu negro manto
el ardor de millones de penas.
Vibraciones de lamentos,
de quejidos,
de gritos que se ahogan
cuando se detiene el tiempo.
Silencio…
Tan esperado por algunos
desconocido por mí…
Vibraciones
de una marcha de delfines
en peregrinaje transoceánico.
Bellos saltos acrobáticos azules
Mientras van y vienen
sin cesar las olas.
Silencio…
¿Cómo adivinar
qué se esconde tras de ti?
Si cada negra noche,
escucho el canto de un cisne
anunciando
la llegada de la muerte.
Mientras vibran
las pisadas de una bestia
cuya cena onírica será
devorarse mis sueños.
Silencio…
¿Por qué te escondes de mí?
Sueños, ensueños,
figuras geométricas,
diluidas en silencio
de una inmensa noche,
plagada de sonidos.
En vano intento
acercarme a ti,
si nunca te he escuchado.
Si nunca te he sentido.
Si te he implorado
y no has llegado
Silencio…
En el vibrar
de dos esferas de cristal
que en resignado
y humilde acorde… caen
retumbando con sus ecos
una y otra vez en mi cerebro
llenándome de dolor
¿Dónde te escondes?
Que te busco
y no te encuentro
Silencio…
Tu escondes tras de ti,
el rechinar de mis dientes
cuando muerdo mi almohada
en un grito que te invoca
¿Dónde te escondes?
Que te busco
y no te encuentro
Silencio…
De un concierto interminable
de sucesión de puntos,
que hacen vibrar
el universo entero…
¿Qué puedes esconder tras de ti?
Si hasta el nacido
gritó de dolor…
sin que nadie lo escuchara
cuando fue arrancado
de las entrañas
Su grito escondido tras de ti
hizo llorar a su madre
y a todos los Ángeles .
Silencio…
De palabras de amor
que no se llegan a articular
pero que sin embargo
resuenan
una y mil veces en la mente
sin poderlas
jamás callar…
Silencio…
Que tras de ti escondes
los latidos
y las contracciones
de los sentidos…
Cuando el amor
navega entre los ríos
mientras enmudecen los quejidos
Silencio…
Sin ti los ácidos corroen
la mente, el corazón, el cuerpo.
Soy prisionera
y amante de las sombras
de puntos interminables
que dibujan círculos
en estampida de ausencias
que me envuelven.
Silencio…
Tú llegas hoy escondido
entre ríos negros de tinta
Silencio ya no te escondes…
¡Estás aquí!
En la canción de los ausentes
En el respirar de un universo
en donde todo es vibración
JEM WONG
06.12.2004
(Jemwong)
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SED SIN TIEMPO POR FANNY JEM WONG
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Sep 24, 2009 3:46 pm
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 Un viejo reloj
cuelga en el muro,
El tiempo
se ha detenido…
Las palabras vagan
imprecisas, perdidas
entre silencios
y sombras.
La habitación
fue saqueada,
las penas se mean
ella, abrió la puerta,
ahogo los llantos,
sonrío,
no quiso pedir auxilio.
No lleva vestido blanco,
ni azahares
entre las manos,
donde nacen sus cabellos,
no contemplan
primaveras,
las prostitutas
visten de fango
Tiene frio,
mucho frio….
Una antigua argolla
viste su pecho.
Mirada perdida,
purpuras lágrimas
Tiene sed
se muerde los labios
Y el vientre preñado
solo alumbrará
versos muertos.
Nadie responde….
FANNY JEM WONG
21-09-2009
“Agotadoras horas
oscilaciones constantes,
las bestias gritan
en la profundidad del abismo
describen el infierno
la mano del poeta escribe”
JEM
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