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"RECIBIMOS LO QUE DAMOS"
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Jul 9, 2009 8:28 pm
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¿No sería maravilloso que todos los demás nos trataran amablemente? ¿Cuántas veces al tener que tratar con una persona, por cualquier motivo que sea, te sientes disgustado por la manera en que se dirige a ti? Esto puede cambiar si entiendes un principio muy sencillo: los demás te tratarán de la misma manera que tú los tratas a ellos. Pero no basta con entender este principio: además debes esforzarte por poner en práctica las consecuencias del mismo.
Piensa un poco: ¿qué es lo que arrojas a las personas que se encuentran contigo? O dicho de otra manera: ¿qué es lo que se desprende de ti cuando haces contacto con un semejante? Si lo que sale de ti es una sensación de rechazo y de disgusto, esto es lo mismo que la otra persona experimentará con respecto a ti. Lo mismo que damos es lo que recibimos. Y acá no cuentan solamente las palabras que digas, sino muchas otras cosas.
Existe un lenguaje que no es verbal, sino corporal. La expresión de la cara es muy importante en este lenguaje, aunque hay otros medios de comunicación no verbal, como la postura del cuerpo. Puedes verbalizar la frase "Buenos días", pero lo que importa no son las palabras (o no solamente las palabras), sino la forma en que lo dices y tu expresión facial en ese momento. Lo que dices sin hablar puede contrarrestar completamente las palabras que pronuncias.
Muchas personas desconocen por completo este aspecto de la comunicación humana, fiándose por entero de las palabras que dicen, y después no entienden los resultados que se producen. ¿Cómo -se preguntan- si yo lo saludé amablemente, me contesta de esa manera? Es que lo que importa no es lo que se dice, sino cómo se lo dice. La actitud revela más que las palabras, y la gente lo que percibe es la actitud y no las palabras.
Cuando llegamos a este punto podemos preguntarnos porqué ocurre esto de que el lenguaje verbal va en un sentido y el lenguaje corporal va en otro. La respuesta es que el lenguaje corporal es inconsciente en la mayoría de las personas, ya que sólo a través de la senda del crecimiento personal se consigue un grado de conciencia tal como para controlar tanto el lenguaje hablado como el lenguaje corporal. La mayoría de las personas no tiene un grado de conciencia de su cuerpo suficiente como para controlar lo que éste dice.
Al ser inconsciente el lenguaje corporal, está revelando lo que realmente pensamos. En el progreso de la evolución, el lenguaje hablado es de aparición tardía con respecto al lenguaje corporal. Los animales, que no hablan, se comunican solamente a través de este último. Cuando se encuentran dos perros, no se hablan; se comunican a través del lenguaje de sus cuerpos. Es por esto que el lenguaje corporal tiene preponderancia sobre el lenguaje verbal
Si una persona me habla cortésmente y al mismo tiempo agita su puño cerrado delante de mis narices, a lo que voy a hacer caso es a este gesto y no a lo que me diga. Esto es así porque inconscientemente voy a suponer que su gesto representa su real forma de sentir y no lo que me está diciendo. Esto es correcto en la mayor parte de las personas; si su actitud hacia los demás es de hostilidad, ello se traslucirá a través de la capa de urbanidad que representan sus palabras.
Por lo tanto, para evitar que los demás te traten con hostilidad, lo primero que tienes que hacer es eliminar la hostilidad dentro de ti mismo, porque, aunque quieras disfrazarla con muy bonitas palabras, la gente hará caso a lo que realmente sientes y que se percibe a través de tu lenguaje corporal. Y si lo que perciben es hostilidad, pues hostilidad es lo que vas a recibir a cambio.
Desconozco su autor
Maria
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"ALAS PARA VOLAR"
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Jul 9, 2009 10:36 am
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Ya no es una palabra, es cada latido de tu corazón.
¿Cuántas veces nos sentimos sin alas para volar, no? Es como que algo tiró fuerte de ellas y sentimos como que se desprendieron de nuestro cuerpo y miramos y no las encontramos.
Las teníamos y en ese volar caímos en pantanos y agitados por salir se lastimaron, se ensuciaron y el barro hizo que su peso sea mayor que el de nuestro cuerpo y nos costó volar.
Nos quedamos muchas veces en el suelo esperando que se alivianen para seguir pero el barro a medida que se secaba las endurecía aún más.
Y allí estamos hoy... Con alas endurecidas y sin poder volar o sin alas.
¿Qué nos pasó? ¿Por qué lugares volamos que nos quedamos sin fuerzas, sin ganas, y sin esperanzas?
Alas... Nos hace falta tener nuevamente nuestras alas abiertas... Nos hace falta sentir que vale la pena seguir.
La vida nos demuestra a cada paso que nuestro vuelo no siempre es el que esperamos, que hay pantanos como así también aves de rapiña que no quieren que existamos, que ya no avancemos.
¿Sentimos temor por el futuro? ¿Estamos todavía tratando de salir de ese pantano? ¿Estamos agotados? ¿Equivocamos el camino y estamos perdidos en la oscuridad? ¿Deseamos que la vida ponga su punto final ahora? ¿Por qué?
El dolor puede ser enorme, la tristeza profunda, lo sucedido inolvidable, y si todo cambia? ¿Y si de pronto nos encontramos ayudando a otros a salir del pantano.
No hay ningún pájaro que haya volado toda su vida sobre un oasis o sobre un manantial.
Todos sienten en un momento deseos de no seguir. Todos se enfrentan a grandes tormentas, a fuertes vientos que sacuden su vida entera. Todos alguna vez se sienten ahogados por haber caído en tierras pantanosas.
Sin embargo sacuden sus alas aún hasta en sus últimos minutos con la esperanza de seguir y por sobre todo de volver a volar.
Extendamos nosotros también nuestras alas.
Tengamos esperanza, apostemos a la vida, miremos el horizonte y solo giremos la cabeza para decir adiós a todo aquello que nos hizo perder nuestras ganas de seguir volando hacia el infinito.
GRACIELA DE FILIPPIS (AUTORA) Maria
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