| feliz verano |
Jul 2, 2008 12:55 pm 25 Views | salgo de viaje dentro de dos días iré a mi américa querida os dejo esto hasta mi regreso
2.-SUBÍ AL PICO MÁS ALTO Subí al pico más alto de la montaña más alta para gritar tu nombre. Pero estaba sobre las nubes y mis gritos lacerados rebotaban en ellas, esparciéndose en miles de pequeñas gotas por el firmamento. Supieron de ti los habitantes más pequeños y más grandes de ese universo desconocido y fantástico que no alcanzamos y me preguntaron quién eras. No se lo pude explicar, diosas, cariátides, templos y amor no figuraban en sus lenguajes binarios. Al bajar del monte buscando el río me envolvió la niebla, una sombra, una aparición, una mancha blanca, me dibujaron tu cuerpo. Será un árbol, será la luz de otro coche, será mi imaginación desbocada, pensaba yo, pero persistía tu cuerpo, la aparición persistía, la sombra eterna que se evapora al querer alcanzarla. Llegué al río, al manantial en medio de la floresta, y tu rostro se apareció ante mí dibujado en el agua, pero se rompía con una piedra, con una gota de rocío, con un aletear de la alondra. De niño me dijeron que si cogía una mariposa por las alas nunca más volvería a volar. Solté a mi "borboleta" horrorizado y se hundió en el lago. Quise ver si volvía a salir, quise saber si la había matado y no hallé la respuesta. Te soñé besándome los labios tenuemente y temí que ese roce en tus alas te impidiera volar de nuevo y no me atreví a tocarte. Pero el aleteo de tu grácil figura ] ante mí, ese roce de tus alas en mis labios, esa mirada de mariposa encendida, me queman todas las noches, cuando ante mi ventana, frente al mar, en la noche, estudio mi física y las volutas de mi cigarro encendido escriben tu nombre en el haz de luz de mi flexo que se refleja en el azul de la noche. Mañana seguiré buscándote. Te encontraré o moriré, vagaré por las calles, por los ríos, por los lagos. Te buscaré hasta encontrarte o moriré preguntando a la gente, a las aves, a las flores, si te han visto. | |
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| te supongo junto al mar |
Jun 19, 2008 2:57 pm 55 Views | 1.-TE SUPONGO JUNTO AL MAR Te supongo junto al mar y te reconozco de agua, yo que trabajo junto al mar. Pero me he vestido de caballero español y he paseado en un coche por la vieja ciudad preguntando al calesero si te reconocía tras los abanicos. No estabas. En el desierto, de noche, brillan más estrellas que en cualquier otro lugar del planeta. El cielo es limpio y la mirada se pierde buscando a Dios sin saber si existe. Subí hacia el norte. Las aguas del Pirineo no te habían bañado y no estabas entre las ondinas que cantaban en los fiordos noruegos. La sal y el viento de la mar resecaban mis labios que gemían tu nombre sin encontrar respuesta. En la hamada, las ruedas de los todoterreno marcan una pista constante hacia el sur, más al sur, más al sur, y todos los poetas del mundo siguen la pista que les conducirá, tal vez, al oasis. Imaginándote de agua crucé la mar océana, sin verte, y llegué a los Grandes Lagos. Miles de muchachas rubias y con sabor a hamburguesa me dieron la bienvenida. Huí horrorizado y te busqué más al norte. En Niágara Falls el cielo esta ionizado por el ozono que el agua libera. Los corazones laten más aprisa y bajo el agua de la gran cascada te busqué. Tampoco estabas. Al acabar la hamada, gris y hermosa, en el vacío mas silencioso que existe, se llega al erg. La arena es pura y está limpia y allí hay vida para quien la sabe buscar y esperar. El cielo es más puro aún y, con la noche y el frío, las estrellas brillan más. Señalan la ruta al viajero y le guían Al no encontrarte en el agua volví al sur. Pensaba en mi oasis, tras la hamada y en el erg. Allí podría iniciar el olvido. En el oasis, mi haima, de telas preciosas y brocados y especias que el malvado perfumista de París hubiera querido oler para completar su perfume de amor. Y en la haima estabas tú, desnuda sobre la alcatifa, entre cojines, bebiendo leche de la camella más joven recién ordeñada y comiendo las támaras más dulces de la palmera más vieja. Y allí te encontré, en mi haima, lavando tu cuerpo adorado con el agua que los tuaregs del desierto te llevaron desde el manantial frondoso. Me esperabas. Al final eras de agua... | |
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| un cuento para niños con imaginación |
Apr 20, 2008 11:52 am 335 Views | A aquel niño le gustaba volar. Siempre lo veíamos jugar con aviones de todo tipo y en el colegio había aprendido a construir aviones de papel con los que jugaba y a veces molestaba a sus hermanos mayores, a sus padres y hasta a sus compañeros y maestros…. En su casa había aviones de todo tipo e incluso era capaz de distinguir los modelos de la primera guerra mundial o los comerciales de cada país. Cuando era su santo o su cumpleaños o sus abuelos le llevaban un regalo a casa porque les apetecía, siempre era algo que volara, aviones, aviones, aviones, helicópteros, misiles, barcos porta aviones o naves espaciales… Dormía en su cama con un gran avión colgado del techo que daba vueltas por la noche y encendía unas lucecitas de posición que ayudaban al niño a descansar y conciliar el sueño mejor que cualquier canción que le pudiera cantar su mamá y siempre decía a su papá que quería montar en un avión de verdad y, claro, siendo canario, lo hizo desde pequeño para desplazarse entre islas, en los pequeños bimotores o los grandes turborreactores que conocía a la perfección por dentro y por fuera ya que frecuentemente iba al aeropuerto a merendar mientras sus amiguitos lo hacían en casa viendo la tele o jugando con otros juegos….
Hasta que un día…. - Papá, yo quiero volar - Ya has volado hijo mío, cuando fuimos a Gran Canaria, ¿recuerdas? - No papá, yo quiero volar de verdad - ¿En parapente, en globo, en helicóptero, con un avión apaga fuegos? - No papá, yo quiero volar de verdad - El hombre no puede volar hijo mío, no tiene alas como las aves para hacerlo
Y el niño sacó un libro en el que se veía a ICARO volando hacia el sol y lo señaló con el dedo y dijo “como él papá, yo no me quemaré”
Y el papá tuvo que explicar que ICARO era un personaje de ficción, y tuvo que sacar sus libros de mitología y tuvo que contar las aventuras imaginadas que los hombres mayores han inventado siempre para explicar las cosas o para dar animo a los soldados o para que la gente pueda soñar y el niño soñó con ICARO, que había inventado unas alas para poder volar hasta el sol aunque no pudo llegar por hacer demasiado calor abrasador cerca del sol… pero en aquellos libros vio algo más, un hermoso caballo blanco con alas que volaba… Es Pegaso, le dijo el padre, otro personaje de ficción, y el niño pensó que si no podía tener alas como ICARO le gustaría ser dueño de Pegaso y un día su mamá llegó a casa con un Pegaso enorme que colgado del techo volaba igual que su avión y encendía luces como su avión para que pudiera dormir viendo a su caballo alado….
Y otro día, uno de esos en los que llueve mucho en la isla de La palma pero casi enseguida sale el sol, el niño llamó a su madre entre asombrado y alborozado… “mira, mamá, mira el cielo” y señalaba fascinado el arco iris mas bonito, mas grande, mas claro y hermoso que podemos ver nunca y le dijo a su mamá “quiero pasear por el arco iris mamá” y antes de que pudiera oír la respuesta “no se puede pasear…” tapó los labios de su madre y le dijo “sí, mamá, podré pasear por el arco iris montando a Pegaso” | |
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| la verdadera historia de la bella y la bestia |
Apr 10, 2008 8:56 pm 440 Views | LA VERDADERA HISTORIA DE LA BELLA Y LA BESTIA
Claro que era bella. Ya nació siendo un capullo de rosa en una cuna tan aséptica y pulcra que ni un mal parásito se hubiera atrevido a acercarse a ella. Su madre, por no estropearse sus preciosos pechos, había hecho un concurso público de méritos entre las más afamadas nodrizas del país y la joven elegida a sus treinta años tuvo que pasar exámenes y reconocimientos que avalaron que no sólo su leche sino hasta el primero de sus calostros tenía el pedigrí necesario para amamantar a su pequeña. Y se crió hermosa y siguió creciendo hermosa. Las sales de baño que la tocaban eran de las mejores esencias de París y las sedas con que se vestía venían directamente de las más afamadas pasarelas del mundo. Su piel era tan delicada que aquel día en que jugando con sus escogidas y selectas amiguitas se pinchó con una flor de jazmín conoció por primera vez el color de la sangre y una heridita que sólo la sabiduría del eminente doctor que la trataba pudo curar con ungüentos naturales especialmente traídos de Persia. Era tan bella que hasta las flores de su jardín marchitaban en su presencia y era tan exquisita que hasta en el caminar sólo los ánades del Rey podían comparárseles en su baile de amor.
En la pubertad provocaba ya tantos desmayos a su alrededor que los criados pasaron a ser criadas medio asexuadas para no crear desazón entre las hormonas de la niña/mujer, sabiamente domesticadas por un director espiritual ancianísimo y un ambiente en que cualquier idea de amor, incluso platónico, no pudiera perturbarla.
Pero el destino, siempre el destino, jugó una mala pasada a los rectores de su vida y a los cuidadores de su alma inmortal.
El niño nació deforme. Su padre era un escritor en busca de una utopía que al atardecer , ya borracho de opio, se perdía en aquel barrio perdido donde pasión y miseria humana se encontraban. Un día encontró lo que buscaba en los ojos enfermos de una prostituta tísica y allí se quedó. La sífilis, el opio, la enfermedad y la locura le dejaban poco tiempo para el niño contrahecho pero cuando le hablaba era tal la dulzura y hermosura de sus palabras que la bestia creció entre la belleza del discurso paterno y el rechazo de sus congéneres. Por eso crecía solo. Jugaba solo en la arena del mar cercano y declamaba al sol poniente los versos que inventaba inspirados en las cuartillas que su padre emborronaba sin cesar. Y cuando un amanecer, al volver de la playa, encontró a sus padres muertos en un lamentable ritual de amor les dedicó una oda y se escondió entre las rosas silvestres de un bosquecillo cercano.
Pero tenía que ocurrir. Del mismo modo que los ríos mueren en la Mar o que el pecador arrepentido puede lograr entrar en el cielo, los caminos de la bella y la bestia se cruzaron un día. Y la bella tuvo conocimiento de la bestia por los hermosísimos recados de amor que encontraba cada mañana entre sus flores junto a la reja de su ventana y supo de su presencia inmediata cuando una voz de ángel celestial salida de entre las plantas exóticas de su jardín le cantó, verso a verso, la belleza que se encerraba en cada poro de su piel de vestal elegida. Y aquel día en que le habló notó tal azoramiento en la voz del bardo que quedó subyugada por aquellas notas dos cromas por debajo del tenor abaritonado que eran los susurros con que le respondía. Y respondió a sus quejas de amor. E intercambiaron poemas por grititos y nació entre ellos tal corriente de flujo erótico que al final la niña lo pidió “quiero verte” le dijo y el bardo enamorado, horrorizado, huyó de la sombra protectora y se escondió en el bosque. Siguió escribiendo cánticos de alabanza, siguió desgranando su amor soneto a soneto, continuó con sus baladas, ahora escondidas de nuevo entre las flores de la reja en la ventana. Pero no pudo resistir no escuchar a su amada y regresó. Volvieron a intercambiar promesas de amor, volvieron a desgranar el sueño eterno de la vida y ella volvió a pedirlo “quiero verte” y el volvió a resistirse. Hasta que un día, después de haber pasado toda la noche escribiendo la más apasionada carta de amor, después de haber hecho gemir a la amada con aquellos suspiros que sólo el amante reconoce cedió. Y se acercó a la lámpara y se dejó ver por la bella en toda su fealdad deforme esperando que el amor lo hubiera convertido en un bello y arrogante galán. La muchacha le vio. Le miró un instante, cerró la ventana, buscó entre su magnífica colección de vídeos una película de Brad Pitt y olvidó al poeta. Y el poeta, resignado, volvió a su rincón en el bosque y se agazapó en su rincón esperando, como tantas veces antes, que esa noche caperucita no viniera acompañada del leñador. | |
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| musa |
Apr 9, 2008 3:57 am 329 Views | ENCONTRAR A LA MUSA
En una vida de viajes y aprendizajes, viajes al interior del alma, viajes al exterior del mundo, a la tierra, la lluvia, la selva y el palenque, el nómada espera tal vez encontrar la verdad. Pero la verdad es un arquetipo en la mente divina y el hombre, minúsculo elemento en la obra de la Creación, jamás podrá acercarse a ella mucho más cerca que la intuición de la idea.
A veces el hombre, caminante errático entre otros hombres, busca a Dios y espera encontrarlo un día, y tal vez cree que está cerca de él cuando en la noche del desierto, anonadado por las estrellas del firmamento y el efecto Pinatubo en el horizonte, cuando sólo paz y silencio hieren sus sentidos, le habla, y cree que tendrá respuesta y hasta la adivina si lo desea de verdad en su corazón, pero no lo encuentra. Tal vez Dios no esté para tonterías.
Es posible que un día, saliendo de Pamukale, el mismo lugar en que aparecieron los cuerpos Danone de mis propagandas capitalistas, y entrando en la Capadocia donde las iglesitas se horadaban en la roca caliza, piense el soñador que va a encontrar el amor. Pero el amor, ¿quién sabe donde radica? ¿por qué en Asia Menor y no en la selva peruana? ¿por qué no en Rio Grande do Sul o en el mismísimo metro de Moscú?
Nunca acabaré mi viaje interior. Mi alma está insatisfecha con lo que ha progresado en estos años de lucha y conocimientos, de sensaciones y sentimientos y sólo, cuando muera, pensaré ¿cuál es la respuesta? Y tal vez me de cuenta de que esa respuesta no existe.
Y el amor. Nunca he buscado el amor pero siempre he deseado encontrarme con el. Nunca me he ofrecido ni lo he demandado, pero siempre he soñado que un día tropezaría con el en alguna esquina del mundo y mira tu que ahora, mi querida niña, no sé si habré llegado a la isla del tesoro pero sí sé, cariátide excelsa, que he encontrado a mi musa. | |
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